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Thursday, January 28, 2016

Dos meditaciones


Son dos libros sin relación aparente. Uno, Tumulto, son las memorias y reflexiones de un octogenario escritor, que una vez fuera protagonista marginal de las revueltas de los años sesenta, pero que ahora se presenta como un hombre sin dogmas y desencantado, el otro, Notas al total, es la obra de un hombre a mitad del camino de su vida, en plenos desarrollo de su potencial literario, que reúne reseñas sobre lecturas, ensayos y notas de viaje hacia un mundo nuevo para él.

Hans Magnus Enzensberger y Gerardo Fernández Fe no pueden ser más distintos, aunque ambos están bien afincados, como lectores y escritores, en lo más tradicional de la cultura occidental. Lo muestran sus referentes. Fernández Fe ha leído a Enzensberger, de hecho, lo cita en su libro como entre “la enorme lista de fellow travellers…que desembarcaron en la isla para constatar por cuenta propia los entresijos de la Revolución…” La isla, por supuesto, es Cuba y es uno de los puntos de contacto entre ambos. No sé si Enzensberger ha leído a Fernández Fe, no consta.

Ambos son textos en los cuales el ensayo se mezcla con la narrativa. Enzensberger juega con la memoria para parecer difuso, mientras Fernández Fe es acucioso. Pero es quizá, aparte de su escritura cosmopolita, La Habana de finales de los sesenta lo que emparenta ambas obras.

Entre sus memorias sobre Alemania, los grupos extremistas, sus experiencias en la Unión Soviética y sus contactos con los intelectuales de la antigua Europa sovietizada, Enzensberger dedica la mayor parte de su texto a sus memorias de La Habana, principalmente entre las páginas 119 y 205. Fue la ciudad en la cual, tras visitas anteriores, vivió entre 1968 y 1969. Ha escrito sobre Cuba en otros textos, como El interrogatorio de La Habana, pero en Tumulto lo hace de manera más personal.

Enzensberger confiesa haber ido a La Habana porque “Aquello tenía mucho encanto. Al fin y al cabo, la Revolución cubana no había sido importada con la ayuda de los tanques rusos…Tuve la impresión de que la mayoría de la gente en las calles…la celebraba”. Pero más adelante pinta un cuadro desolador de la ciudad: “La Habana es decadente en el peor sentido de la palabra, se resquebraja, está podrida, carcomida. Con sus solares, el casco antiguo parece un gigantesco hormiguero…En los patios, tristes palmeras languidecen al lado de cuchitriles decrépitos al lado de váteres y lavaderos compartidos por cien familias”.

De Fidel Castro dice, a raíz de un muy montado juego informal de baloncesto: “Fidel es como un jefe de forajidos, los miembros de la cuadrilla ejercen de cortesanos. Robin de los bosques jugando al baloncesto…vence siempre para los pobres y los desposeídos”.

Después cuando narra de su mudanza a un apartamento en la calle de 10 de Miramar, donde vivió con una de sus esposas, la rusa Masha, de la cual se han contado miles de leyendas y escapadas eróticas habaneras, ofrece un paisaje desolador de los escritores cubanos con quienes compartió y a los cuales se propuso matarles el hambre: “se empezó a agasajar a los amigos con convites. Estuvieron Virgilio Piñera, el autor de teatro al cual la Unión de Escritores había dejado fuera del juego, y el escritor y etnólogo Miguel Barnet, que podía viajar al extranjero cada vez que quería. Pero sobre todo, pudimos abastecer de sus añorados Partagás y Montecristo a José Lezama Lima, el orondo grand old man de la literatura cubana…Nuestro huésped preferido era Heberto Padilla”. Todo esto rodeado de agentes de la seguridad del estado que lo visitaban con frecuencia.

Fernández Fe no había nacido cuando Enzensberger ya se había marchado de Cuba como persona non grata. Pero como dije antes, en una reseña que le hice a su novela El último día del estornino,  tiene la capacidad “de relatar con autenticidad a los personajes que deambulaban en las noches de finales de los sesenta y hasta mediados de los setenta por el parque de la funeraria Rivero, en los cuales incluye a Benjamín Ferrera, Cachimba, Magallanes, Nicolás Lara, Sakuntala, Manolito Profundo y Ponciano, entre otros, todos personajes de carne y hueso, así como algunos sucesos de la época, como la abortada manifestación ante la embajada checa en La Habana en protesta por la invasión soviética, y cuya veracidad puedo atestiguar…”

En este libro, lleno de notas sobre escritores y artistas de diversos orígenes, como Jan Sudek, Mijail Bulgákov y Walter benjamín, y ciudades como Praga, Quito y Nueva York, entre otras, así como entrevistas y notas sobre escritores y artistas cubanos, como Rank Uiller, Roberto Friol, José Kozer, Angel Escobar y Néstor Díaz de Villegas, que habitan en la semioscuridad de no haber sido ungidos por los burócratas culturales de los últimos cincuenta años o por estar exilados, también, en su excelente ensayo sobre Sergio Pitol, que cubre de la página 171 a la 228, recorre pasajes de La Habana de los cincuenta y sesenta con, entre otras cosas, oportunas citas del mejicano Jaime García Terrés y su trabajo “Diario de un escritor en La Habana”.

Todos sus ensayos, y su diario de notas durante su estancia en Quito, son de interés, pero el tratado sobre Pitol se destaca como la médula del libro porque Fernández Fe logra que en algunos momentos, su prosa se confunda con la de Pitol. Un recurso que funciona con naturalidad discursiva.

Enzensberger envuelve su obra como un diálogo novelado, lleno de reflexiones entre el Enzensberger joven y el octogenario. Fernández Fe usa la introspección como método preferido. Enzensberger (Alemania 1929) y Fernández Fe (Cuba 1971), se enlazan en estos textos, entre otras cosas, no solo por la calidad y el refinamiento de su escritura, sino además, por la memoria de una ciudad que ambos han abandonado físicamente, pero nunca mentalmente.

Tumulto. Hans Magnus Enzensberger. Malpaso Ediciones, Barcelona 2015. 248 páginas
Notas al total. Gerardo Fernández Fe. Editorial Bokeh, 2015. 369 páginas.


Roberto Madrigal

Thursday, January 21, 2016

Ciencia y política


Hace un par de noches cambiando canales me tropecé con The Best Years of Our Lives, el excelente filme de William Wyler de 1946, que trata sobre la adaptación de tres veteranos de la Segunda Guerra Mundial y su reajuste a una sociedad que los recibe con indiferencia y poca comprensión. Hacía años que no la veía y la vi casi completa y con gran placer.

Lo que más me llamó la atención fue que el personaje de Fred Derry, interpretado por Dana Andrews, exhibe, casi como sacado de un manual de diagnóstico, todos los síntomas de lo que hoy se conoce como Desorden post-traumático de estrés. El guión está basado en una novela de Mackinlay Kantor que no conozco. Me resultó curioso como a pesar de lo obvio de la sintomatología exhibida por el personaje y acuciosamente descrita en la película, esta condición nunca fue reconocida hasta finales de los años setenta.

Factores políticos y culturales se combinaron para evitar que la enfermedad se reconociera. El miedo de los individuos a parecer unos cobardes o flojos, la mala intención del gobierno de evitar compensar a esos antiguos combatientes por una enfermedad causada por su labor militar, sí como la complicidad de muchos científicos y compañías de seguros en demorar trabajos investigativos al respecto. Por suerte hoy en día se dan grandes pasos para rectificar esa inmensa injusticia que causó gran daño emocional a miles de veteranos de esta y otras guerras, como la de Corea y la de Viet Nam, que sufrieron esas consecuencias en silencio, entre el bochorno y la falta de atención.

Esto me llevó a repensar el caso de Hans Asperger, que ha ganado notoriedad en las últimas semanas con la salida de los libros Neurotribes del periodista Steve Silberman y In a Different Key: The Story of Autism, de John Donvan y Caren Zucker.

Asperger fue un médico vienés que alrededor de 1938 sentó las bases de lo que hoy se conoce como el Desorden del espectro de Autismo. Presentó trabajos en los cuales consideraba que mucha gente padecía de esta condición que debería ser considerada como una discapacidad y que la sociedad debería tomar medidas para ayudar a esos individuos a participar de la misma y a ajustarse lo mejor posible. Asperger era un investigador callado y laborioso que no le gustaba llamar la atención y mucho menos en la Alemania de aquellos años.

Con el ascenso de Hitler al poder, se desmembró el grupo de colaboradores de Asperger, la mayoría de los cuales eran judíos. Unos se suicidaron y otros, como George Frankl, terminaron en Baltimore, donde fueron patrocinados por Leo Kanner, un psiquiatra infantil del hospital Johns Hopkins, quien a la larga logró que se le nombrara como el descubridor del autismo.

Siguiendo las creencias políticamente aceptadas de la época, Kanner culpó a los padres de niños autistas por lo que llamó una enfermedad y en consecuencia, muchos niños fueron arrebatados de los brazos de sus padres para ser admitidos en clínicas psiquiátricas en donde se pensaba que era el único ambiente terapéutico posible. De más está decir las nefastas consecuencias que esto tuvo para miles de familias y de niños y adolescentes. Aislamiento y estigmatización fue la base del tratamiento que predominó por décadas.

Mientras tanto, los trabajos de Asperger se hicieron a un lado. Por una parte, se supo que el Dr. Asperger participó del equipo médico que acompañó a las tropas nazis en la toma de Croacia. Pero sus defensores alegaban que era un firme creyente en el catolicismo, un hombre de moral recta que jamás se hubiera comprometido a colaborar activamente con los nazis. Pero considerando que trabajaba con una población que presentaba características que de ser ampliamente reconocido sería una amenaza a la supremacía aria, cuyo destino era la eliminación en campos de concentración, la duda prevaleció y muy pocos se atrevían a tocar los trabajos de Asperger.

No fue hasta 1981 cuando la psiquiatra e investigadora británica Lorna Wing, ella misma madre de un autista, describió el Síndrome de Asperger en base a una relectura de las investigaciones del vienés. También validó la existencia de un espectro que incluía a muchas más personas que las consideradas autistas en ese momento, ya que prácticamente solamente se reconocían los casos extremos. Eric Schopler uno de los pioneros en las trabajos sobre autismo en Estados Unidos, inicialmente se negó a nombrar así a este grupo y prefirió el término de “Autistas de alto funcionamiento” para referirse a quienes cumplían con la nueva descripción.

En la cuarta edición del Manual de Diagnóstico y Estadísticas de los Desórdenes Mentales (conocido por sus siglas en inglés como DSM-IV), publicado en 1994, apareció por primera vez el Síndrome de Asperger como condición reconocida. Hubo una investigación previa para asegurar que Asperger no fue un colaborador nazi. La Dra. Wing y los familiares de Asperger lo defendieron y hubo algunas que otras opiniones que levantaron sospechas, pero no fueron confirmadas entonces. La cautela es justificable, nadie quiere nombrar una enfermedad con el nombre de Mengele o algo parecido.

Un austríaco, investigador del Holocausto, llamado Herwig Czech, cuyo abuelo fue nazi, tropezó con datos que vincularon a Asperger con el fanático Dr. Franz Hamburger, un especialista en enfermedades infecciosas y un hombre que llegó a decir que Hitler era un genio médico y que creía que los discapacitados debían terminar en los hornos y que Asperger escribió informes que hicieron que muchos de sus pacientes fueran condenados a muerte. Esto a pesar de otras evidencias citadas de que Asperger fue dos veces detenido por la Gestapo y que también realizó maniobras para salvar la vida de decenas de sus pacientes, de nuevo ensombreció la memoria respecto a  Asperger.

En el libro de Donvan y Zucker, con otras nuevas evidencias recogidas, se presenta a Asperger como un colaboracionista y un oportunista que se aprovechó del nazismo aunque nunca militó en el partido. Silberman lo defiende diciendo que su posición era difícil. Todos sabemos cómo nazis y comunistas manipularon la ciencia para sus fines y eliminaron a quienes se atravesaban en su camino, por lo cual quienes se quedaban trabajando dentro del sistema, caminaban la cuerda floja y para sobrevivir tenían que doblegarse y aceptar ser manipulados.

En la quinta edición del manual arriba descrito (DSM-5), publicada en 2013, que es como la biblia por la cual se tienen que regir psiquiatras y psicólogos en los Estados Unidos, se eliminó la denominación del Síndrome de Asperger y se aceptó la del Desorden del espectro de autismo, que en realidad se ajusta más a los aportes científicos de Asperger. La seña y no el santo es lo importante en definitiva. A pesar de que puede que el nombre haya sido eliminado a conveniencia de la corrección política, probablemente justificable en este caso, se ha hecho justicia científica.

Es obvio que tanto la calidad del científico como la del artista, no tiene una relación confiable con los atributos éticos de cada cual. El ser humano es demasiado complejo. Lo importante es el aporte que haga su obra, que debe estar libre de asociaciones políticas o financieras, que no entorpezcan el valor de la ciencia o el arte. La manipulación florece en las sociedades totalitarias y aunque existe también es más proclive a ser expuesto en las democráticas, aunque las injusticias y las manipulaciones continúan en todas partes.


Roberto Madrigal

Tuesday, January 5, 2016

Los mejores estrenos de 2015


Me considero un fanático de las listas. Estoy en buena compañía, ya que entre los listeros obsesivos se encuentran Homero, Dante, Whitman, Joyce, Einstein, Nabokov, Borges y Eco, así como Orlando Alomá, mi compañero de andanzas con quien estoy haciendo listas de cine desde hace más de cuarenta años. Diversas han sido las maneras que nos hemos agenciado para divulgar o publicar nuestras listas de las mejores películas del año. En los últimos seis años, por iniciativa de Alejandro Armengol, hemos publicado las listas en Cubaencuentro y también lo hago en mi blog.

Este año has sido un poco mejor que el anterior, aunque muchos problemas subsisten. Las distribuidoras continúan limitando lo que muestran. Ver cine extranjero o independiente como estrenos ampliamente difundidos, se vuelve cada vez más difícil (aunque a juzgar por mi lista parecería lo contrario). La búsqueda activa de buenas películas en las salas de estreno se ha convertido en un reto al espectador interesado en un cine que no sea de puro entretenimiento.

Por otra parte, las superproducciones comerciales hollywoodenses han ganado en calidad este año. Si bien subsisten las secuelas, precuelas y versiones, un grupo de directores de calidad ha filmado, dentro de los estrictos cánones de los grandes estudios, algunas películas de interés. Cada vez se ve más cine, cada vez se produce más cine, pero cada vez se hace más difícil ir al cine. Hay muchos medios alternativos que permiten la experiencia de ver una película, que son más cómodos y menos costosos.

Como en años anteriores, mantenemos las bases de nuestra selección. Se limitan a lo estrenado en el año 2015 que está disponible a cualquier espectador normal en cualquier ciudad de los Estados Unidos, que puedan ser accesible en las salas de cine, en streaming, On Demand o en DVD durante el año. No cuentan películas exhibidas solamente en el circuito festivalero o en presentaciones especiales. Ello hace que, por ejemplo, muchas películas en idioma extranjero que competirán por los óscares solo han sido vistas por un privilegiado grupo, en un par de ciudades, por un par de días. Incluso, como verán, en mi lista están muchas que fueron finalistas a los óscares en lengua extranjera el año anterior, que no se exhibieron para el gran público hasta este año.

Primero,  la selección de Alomá, más abajo, mi lista y mis comentarios.

Lista de Orlando Alomá (en orden alfabético)

American Sniper (EE.UU., Dir: Clint Eastwood); Carol (Gran Bretaña-EE.UU., Dir: Todd Haynes); Coming Home (China, Zhang Yimou); Creed (EE.UU., Dir: Ryan Coogler); The Hateful Eight (EE.UU., Dir: Quentin Tarantino); The Martian (EE.UU., Dir: Ridley Scott); Phoenix (Alemania/Polonia, Dir: Christian Petzold); Room (Irlanda/Canadá, Dir: Lenny Abrahamson); Woman in Gold (Gran Bretaña, Dir: Simon Curtis); Youth (Italia/Francia/Suiza/Gran Bretaña, Dir: Paolo Sorrentino).


Mi lista (de 89 elegibles):

1.- Mr. Turner  (Alemania/Francia/Gran Bretaña 2014). Dir: Mike Leigh.
2.- Phoenix  (Alemania/Polonia 2014). Dir: Christian Petzold.
3.- Youth  (Italia/Francia/Suiza/Gran Bretaña 2015). Dir: Paolo Sorrentino.
4.- Tangerines   (Estonia/Georgia 2013). Dir: Zaza Urushadze.
5.- Diary of a Teenage Girl   (E.U.A. 2015).  Dir: Marielle Heller.
6.- Coming Home (China 2014).  Dir: Zhang Yimou.
7.- Timbuktu  (Francia/Mauritania 2014).  Dir: Abderrahmane Sissako.
8.- Leviathan (Rusia 2014).  Dir: Andrei Zvyagintsev.
9.- Ex Machina  (Gran Bretaña 2015).  Dir: Alex Garland.
10.- Brooklyn  (Irlanda/Gran Bretaña/Canadá).  Dir: John Crowley.

Quiero destacar que Winter Sleep de Nuri Bilge Ceylan, una película turca que estaría en mi opinión entre las primeras de la lista, no se exhibió nunca comercialmente, aunque está disponible en Netflix, por lo que no la consideré elegible. No comparto el entusiasmo por películas como Carol, The Hateful Eight y The Revenant, que probablemente estarán en la mayoría de las listas de otros críticos y que serán propuestas a un sinnúmero de premios. Pero para eso son las listas. Tan importante es lo listado como lo no listado. Lo más importante es que sean una provocación y que no se tomen muy en serio, pero que sean tema de discusión.

Este artículo salió publicado en Cubaencuentro, en la sección Cine, Arte 7,  el 4 de enero de 2015.


Roberto Madrigal

Saturday, December 26, 2015

Cinco años ya


Esta vez se cumplen cinco años de bloguear, y este fue un año interesante, para ponerlo de manera ambigua. Quiero de nuevo desear una feliz navidad y un mejor 2016 a todos los que me leen, seguidores y asiduos, así como a quienes divulgan mis entradas. Gracias a todos, incluyendo a Armengol, Ballagas, Cancio, Gálvez, Hernández Busto, Ponte, Rita Martin, Néstor DDV, (M)aldito Menéndez, Ted Henken, Teresita,  Triff,  Rogelio Fabio Hurtado, Verónica, Yanitzia, Yoani y Zoe. A Café Fuerte, Cubaencuentro, Diario de Cuba, Penúltimos Días, el Profesor Castro y Tumiamiblog. En este grupo agrego a Cubanet (Hugo), a Primavera Digital (Juan González Febles), a Enrisco y a Libros del Crepúsculo (Rafael). También a todos los que comentan y me divulgan por Facebook, entre ellos Juansi, Jesús Rosado, Mercy Frances, Midalys Palacios, Iván de la Nuez, Jorge Dávila, Jorge Sotolongo, Liu, Idalia, Cira, Maida Donate, Nery Maceira, Regina, César Reynel, Nicolás y tantos otros que los omito para no hacer una lista tediosa, incluyendo a muchos que tienen mi enlace en sus blogs. Perdonen los que quedaron fuera, fue, de nuevo, el arbitrario azar, sé que hay muchos más y mi agradecimiento es igual para todos. Gracias otra vez.


Roberto Madrigal

Tuesday, December 22, 2015

Los límites de la mente esclava


Por supuesto que lo primero que me dio ver las fotos de Puig y Abreu, estrechando la mano de su antiguo amo Antonio Castro, fue repugnancia. Es repugnante ver a cualquiera estrechando la mano del impresentable Antonio Castro. Pero después pensé que todo tiene varios puntos de vista y que no está del todo mal que los cuatro peloteros cubanos que andan por la isla como parte de la delegación de las Grandes Ligas encabezada por Joe Torre, le restrieguen en la cara a sus antiguos verdugos, los millones que por años les negaron a ganarse. En definitiva, si pasahambres ordinarios van igualmente a alardear de sus triunfos, sin que sus historias sean ciertas, pues me parece bien que estos atletas vetados, censurados y declarados como traidores de la manera más oficial posible, lo hagan.

Lo que después me llamó la atención fue una nota que leí en el sitio Havana Times, firmada por Ronal Quiñones, en la cual se da a entender que, por no llevar aún ocho años fuera del país, que es la condena que endilga el gobierno cubano a quienes bajo su propia y arbitraria definición, son “desertores y traidores”, tanto Yasiel Puig como José Dariel Abreu, no pueden moverse libremente sin previa autorización, a diferencia de Alexei Ramírez y Brayan Peña, que ya “cumplieron” sus condenas.

Para añadir insulto a la herida, Abreu, entrevistado por Quiñones, da las gracias “por esta oportunidad de poder regresar a la patria”. O sea, que al pobre hombre solo se le ocurre agradecer por continuar siendo un humillado, alguien que necesita de un permiso gubernamental para regresar a su propio país, lo cual constituye una violación de los más elementales derechos humanos universalmente aceptados. Y esa oportunidad tan generosa viene con limitaciones, o sea, para moverse por su “patria” tiene que pedir, una vez más, permiso. Yo sé que no se le puede pedir mucho a un pelotero. Pero Abreu refleja los límites de una mentalidad que se ha forjado con una perseverante violencia mental por 57 años. El pobre (a pesar de sus millones), ni siquiera se ha enterado que es un esclavo.

Entiendo que esta misión de las Grandes Ligas a Cuba funciona como una caricatura tardía de la “Diplomacia del Ping-Pong” que utilizara el presidente Nixon en los años setenta para negociar con China. Claro, cuando aquello, se trataba de maniobrar con la estabilidad de las relaciones entre las grandes potencias durante la Guerra Fría, una situación que mal llevada pudo resultar desastrosa para toda la humanidad. Ahora se trata de posicionarse para, a la larga, aprovecharse de una isla olvidable, que hace mucho perdió su protagonismo en la configuración política internacional.

La “Diplomacia del Ping-Pong” no pudo evitar Tien An Men y la misión de las grandes ligas tampoco evitará la represión a quienes salen los domingos a marchar desde el parque Gandhi, o a la UNPACU o a quien le venga en gana a Raúl Castro. Pero los chinos (al menos unos cuantos millones), comen hoy mejor que antes, aunque se sigan cayendo los edificios mal construidos. Los cubanos de a pie, siguen en su miseria y la economía del país sigue siendo un parásito de Miami.

Lo que si me causa cierta indignación es pensar que el comisionado de béisbol Rob Manfred y su enviado Joe Torre se prestaron a llevar a la isla a dos peloteros, que aunque sean grandes estrellas aquí, iban a tener que sufrir el vejamen de no poder moverse libremente por su país. Si lo sabían y lo aceptaron, son culpables de complicidad, si no lo sabían, son culpables de ser paternalistas ignorantes. Claro, a Manfred y a Torre lo que les importa es comenzar a establecer un nicho en la isla para cuando el implacable tiempo acabe con los Castro y cualquier político subsecuente sea más abierto. Cuba como la futura cantera, lo que nunca debió dejar de ser. Los derechos del pueblo cubano son asunto de no se sabe quién porque ya los cubanos ni cuenta se dan que se los violan.



Roberto Madrigal

Sunday, December 6, 2015

La tozuda y morbosa vocación de servilismo de los intelectuales cubanos


Desde principios de julio la obra teatral El Rey se muere, montada por Juan Carlos Cremata, fue censurada por las autoridades ideológicas de la cultura cubana. Poco después, Cremata fue removido de su trabajo como director de cine y de teatro. Que yo sepa, solamente el escritor y cineasta Eduardo del Llano en su blog, así como el cineasta y crítico de cine Enrique Colina alzaron su voz públicamente en defensa de Cremata. El resto de los cineastas y escritores cubanos hicieron un silencio cómplice. Como sabemos, el que calla otorga.

No conozco personalmente a Cremata, solamente conozco su obra y algunas de sus anteriores declaraciones públicas y me parece completamente prescindible. Ahora bien, una vez que un artista se convierte en el objeto de la censura, sin importar nuestra opinión sobre su persona o sobre su obra, merece nuestro más urgente apoyo.

Pero los cineastas cubanos, desde hace casi dos años, están empeñados en lograr que se decrete una nueva ley de cine. Quieran más libertad y apoyo para la creación y distribución independiente del cine cubano. Es una batalla contradictoria, pues le están pidiendo limosna y condescendencia al propio censor, al organismo que ha controlado su destino artístico. Parece que se han acostumbrado a vivir de las migajas y en vez de pedir la desintegración del ICAIC, ya obsoleto y mero controlador del quehacer cinematográfico de la isla, le piden que se mantenga ahí y que actúe como un papacito bondadoso.

A pesar de que con las nuevas tecnologías se puede hacer cine con bajo presupuesto, o de forma independiente, y algunos jóvenes lo han demostrado, los cineastas cubanos quieren oficializar los permisos una vez más. Maquillar la censura. Desean tener autorización para filmar con bastante libertad y que el censor les garantice la distribución.

En los últimos meses se nota una creciente preocupación por comercializar la obra, incluso ha habido quejas porque Cuba, el ICAIC, no presentó ninguna película candidata a los óscares. Piden censura de baja intensidad a cambio de que se les propicie divulgación internacional y para ello entregan su complicidad intelectual.

En la última reunión de los cineastas con los burócratas del ICAIC, en la cual finalmente se atrevieron a redactar una declaración de condena a la censura de Cremata, dando muchas vueltas y utilizando las indirectas de siempre, se apareció el disidente Eliecer Avila y los burócratas la emprendieron contra él, denunciando su presencia como un acto de provocación y finalmente usando los paleolíticos términos de que la crítica solamente se les permite a los revolucionarios y citando de nuevo las palabras del Comandante en Jefe en su viejo discurso de la biblioteca.

Acto seguido, los miembros de la UNEAC, ni cortos ni perezosos, redactaron una declaración de apoyo a la postura oficial de los apparatchiks del ICAIC y volvieron a citar las famosas “palabras a los intelectuales”. O sea, que en el campo minado de la cultura, las barricadas se mantienen en su sitio.

Después, los escritores y matarifes culturales se reunieron para buscar una posición respecto a cultura y turismo. Temen que la “gran cultura nacional de la revolución” quede manchada por la presencia callejera de negras disfrazadas de brujeras tirándole los caracoles a los turistas con un tabaco apagado en la boca. Se alzan contra la caricaturización del folclore y expresan su preocupación. No les preocupa la censura ni los ataques a los grupos disidentes, no, la mayor afrenta a la elevada cultura revolucionaria son los reguetoneros, los tríos callejeros improvisados y los que especulan con los sacrosantos rituales afrocubanos (a pesar de que los mercenarios oficiales le prepararon, como ellos mismos dicen, una boda típica afro al cantante Usher. ¡Qué bien! ¿Qué es una boda afro?).

Por otra parte el flamante Premio Princesa de Asturias, Leonardo Padura, se presenta en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y dice que los problemas económicos han limitado la creatividad de los escritores cubanos. ¿Qué es lo que temen? ¿Qué se les acabe el salario de la UNEAC, que ya no resuelva casi nada? Buscan garantizar el apoyo institucional, al menos para buscarse los dólares en el extranjero. Padura y Pedro Juan Gutiérrez, quienes aseguran que jamás les han cambiado una coma en sus obras, no padecen de ese problema. Han reunido bastante dinero porque se les ha permitido publicar en el extranjero a cambio de decir sandeces como esas y otras más.

¿Desde cuándo la escasez monetaria ha afectado la creación literaria? No quiero salirme de los ejemplos del patio, pero antes del 59, Lezama Lima se las arregló para sacar revistas y publicar su obra con pequeñas ayudas y sin recibir compensación monetaria por sus escritos. En el exilio Esteban Luis Cárdenas y Guillermo Rosales vivieron en la miseria sin que ello impidiera que siguieran creando.

A Carlos Victoria le tomó muchos años ser publicado y se tuvo que financiar muchas de sus obras, pero eso no lo detuvo. Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Manuel Ballagas y yo comenzamos revistas literarias costeándolas con nuestros propios bolsillos, cuando apenas nos alcanzaba el dinero para comer. Para colmo, fuimos atacados en los foros y revistas internacionales por la poderosa maquinaria del gobierno cubano. Nada nos detuvo.

Según Padura, lo ha dicho varias veces, hay un gran movimiento literario cocinándose en la isla, aunque casi nadie se haya enterado. El debe saber algo que muchos no sabemos. De sus declaraciones pudiera deducirse que en Cuba hay una inmensa cantidad de escritores que merecen atención. Sí, como no. Parafraseando el chiste ruso, diría yo que: “¡Cuán maravilloso es ver la cantidad de escritores que ha producido la revolución! Antes solo teníamos a Piñera, a Lezama y a Baquero”.


Roberto Madrigal

Saturday, November 21, 2015

¿La descomposición de la cultura occidental?


Hace muchos años, a principios de los ochenta, en medio de una difícil situación financiera, me llegó una misteriosa pero bendita llamada telefónica. Unos árabes (no sé de dónde), residentes en Chicago, querían hacer una nueva edición bilingüe de El Corán, en inglés y en español, y yo resulté ser el escogido para traducir y editar.

Me quedé muy sorprendido. Les dije que, por supuesto, yo no sabía ni una gota de árabe, pero me dijeron que eso no era ningún problema. Me enviaron un ejemplar de la versión española de Plaza & Janés y varias ediciones en inglés. Les riposté que en el mejor de los casos podía cotejar y quizá mejorar lo ya traducido basándome en mi conocimiento de la lengua inglesa (y de la española), pero que sería una obra algo bastarda, ya que sería una traducción de traducciones. No les importó.

Me hicieron una oferta que no podía rehusar y hasta me enviaron un generoso cheque de adelanto, con lo que resolví muchos de los problemas que me agobiaban. Me leí todas las ediciones que me enviaron y tras un mes de trabajo, los llamé al teléfono que me habían dado y estaba desconectado. Nunca más recibí noticias de ellos. La suma que me habían pagado recompensaba de sobra el mes dedicado a leer los textos. Entonces me lamenté de no haber concluido mi trabajo pero a la luz de los hechos que se han desarrollado en los últimos quince años, me alegro. Estaría preso o bajo vigilancia ahora. Jamás supe la razón por la cual me escogieron ni por la cual desaparecieron. Todavía poseo cuatro de las cinco ediciones que me enviaron. Regalé una.

Con lo anterior quiero decir que, aunque no soy ni de lejos un experto en islamismo, he leído El Corán más veces que muchos estudiosos. Cualquier texto religioso puede interpretarse de muchas maneras. Todos tienen en común que el paraíso no es para todos y que llegar a El exige sacrificios. En alguna parte todos llaman a la destrucción de los infieles, pero El Corán, lo hace más que ninguno. No creo que el islam sea una religión de paz, aunque la inmensa mayoría de sus practicantes sean gente decente y pacífica.

Tampoco creo que sea, y esta es una opinión muy personal, una religión “oriental”. Creo que se circunscribe muy bien dentro de la tradición occidental, es un derivado del judaísmo y el cristianismo. De tan derivado que es me parece una aberración, pero cientos de millones de islamistas me argumentarán lo contrario. No me importa, mi opinión no va a cambiar, pues creo que es un marginalismo del cánon occidental.

Los valores de la cultura occidental han estado haciendo implosión desde la Primera Guerra Mundial, y tras la Segunda Guerra Mundial, sus creadores y promotores cedieron, a regañadientes, el control de la misma a los Estados Unidos, considerado por los europeos como unos campesinos advenedizos. Los totalitarismos nazistas, fascistas y comunistas se encargaron, por más de cincuenta años de resquebrajar la médula de la civilización judeo-cristiana. Por muchas décadas el asalto a la cultura occidental fue interno, fueron disputas entre facciones autóctonas.

Cuando se cayó el Muro de Berlín en 1989 también se cayó el muro de contención que existía en el Cercano Oriente y en Africa  para evitar el despliegue descontrolado de los conflictos étnicos y religiosos que subyacían bajo la forzosa unidad anti-colonialista, pero obediente de los valores judeo-cristianos que se respetaban en razón de una lucha bajo principios ideológicos. Se tambalearon los baazistas en el mundo árabe y los gobiernos seudo-democráticos de corte occidental en el Africa.

Tras varios errores estratégicos, como la invasión rusa a Afganistán y la americana a Irak, ahora tenemos a Al Qaeda, a Hezbolá, a ISIL y a Boko Harum. Todos, a su manera, han desatado un desafío terrorista al mundo occidental, pero no estoy seguro que a sus valores culturales. Enarbolan la religión para mover a las masas como los candidatos republicanos lo hacen con los cristianos fundamentalistas (solo que estos últimos, hasta ahora, sin violencia).

Los recientes atentados terroristas al Líbano, al avión ruso, a París y ahora a Bamako, deben ser todos condenados, sin tapujos, como lo que son. Cobardes actos terroristas. No hay excusas, ni se puede minimizar la importancia de unos por la cobertura de prensa de otros. Todos los terroristas son, en el peor de los casos, cobardes, porque la emprenden contra civiles inocentes y desarmados, y en el mejor de los casos, son autodestructivos, porque se inmolan de forma delirante.

Two wrongs don’t make one right se dice en inglés, y es cierto, no importa que París reciba más cobertura que Bamako, eso no hace a París menos trágico, pero no nos hagamos los inocentes, Paris nos importa más que Bamako. Puede que sea muy injusto, pero es la realidad.

Además, si atacan París, y nótese que Malí y Líbano fueron colonias francesas, es porque Francia es la madre del secularismo moderno y el único imperio que exportó, aunque sea solo a las clases dominantes en sus colonias, un estilo de vida, un savoir faire que ni ingleses ni españoles ni alemanes ni belgas intentaron. Francia es una afrenta a cualquier movimiento de fundamentalismo religioso.

El occidente no descendió con sus valores democráticos sobre sus colonias. Imperó el pillaje, pero eso no disminuye en nada los valores que se han reservado para sí mismos. Puede que sea discutible que sean valores universales, pero son los valores que cuando se respetan, funcionan y fundamentan a los países más desarrollados del planeta y donde la gente vive mejor, incluyendo un país tan oriental como Japón, que hasta hace unos cien años consistía en unas islas bien aisladas del resto del mundo.

Me molesta cuando los liberales aceptan el exceso de relativismo cultural. Por una parte quieren exportar los valores de la democracia que nos vienen desde los griegos, pero por otra hablan de una absurda tolerancia (qué palabra tan paternalista y condescendiente), pretendiendo que hay que aceptar y darle cabida en nuestra sociedad a las creencias de otros.

No se equivoquen, yo soy el primero que pienso que debemos aceptar (no tolerar), las creencias diferentes a las nuestras. Cada cual debe ser libre de creer en lo que le parezca más afín. Pero si nuestra cultura, que incluye logros económicos, políticos y sociales, se fundamenta en una médula judeo-cristiana, no se puede permitir que valores antagónicos tomen un papel hegemónico en nuestra sociedad. Los otros pueden coexistir, pero no dominar.

Sí creemos que no nos debemos rebajar y actuar como nuestro enemigo, quiere decir que creemos en la universalidad de nuestros valores. Si es así, entonces hay que defenderlos. El enemigo no son los refugiados árabes, ni los musulmanes de Europa. El enemigo consiste en organizaciones que captan fanáticos y frustrados para sus propósitos y que son liderados por individuos instruidos y educados en los valores occidentales. No debemos olvidar que los responsables del 11 de septiembre eran mayoritariamente saudíes y entraron legalmente por Canadá.

París no es solo la Torre Eiffel y el Arco de Triunfo, es también los arrabales miserables de árabes y africanos sin posibilidades de mejorar su situación económica y que luego resulta la carne de cañón de la cual se nutren los terroristas. Hay que atacar a los terroristas en varios frentes.

Una respuesta militar medida, es necesaria. Pero también hay que modificar los impedimentos que hacen que las nuevas minorías, sobre todo las segundas generaciones, se queden en las márgenes del desarrollo social y económico de los países a los cuales emigran en busca de una mejor vida.

Es hora de desplegar los valores democráticos con firmeza y con justicia. Sin racismos ni soluciones extremas. Si nuestros valores, cuando se respetan, funcionan, en consecuencia, esos grupos étnicos se asimilarán a ellos. Entonces, el enemigo ante el despliegue militar y verdaderamente cultural, se asustará. Es una guerra ardua y larga, contra un enemigo difuso, pero no hay que asustarse, hay que mantener las convicciones sin acudir a extremismos ni a soluciones simplistas. No podemos sacrificar nuestro estilo de vida ni nuestras libertades.


Roberto Madrigal