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Friday, February 27, 2015

El estanilismo y la degradación del hombre sin importancia


Un personaje sin nombre, que narra en primera persona, comienza a recordar su amistad con su mejor amigo de una infancia que transcurre en los inicios de la Revolución Rusa. Sasha, el amigo, es un remanente de la aristocracia rusa. Su padre es un judío converso, un eminente abogado de Járkov,  de “…En aquellos tiempos remotos la traición todavía despertaba asombro y se pagaba por ella un precio mucho mayor que ahora”.

El narrador es un ciudadano de la quinta categoría: “otros”, por ser hijo de un artesano judío. Un hombre cuya vida queda definida por un cuestionario oficial. Alguien sin derecho a cursar altos estudios o a aspirar a buenos trabajos.

Cuarenta años después se pone en contacto con la esposa de su amigo Sasha, quien ya había muerto durante la guerra. A partir de ahí, el narrador comienza a hacer un recuento de su vida y de la época que le tocó vivir, mediante viñetas, anticipos de cartas que nunca envía, breves monólogos y encuentros casuales. Esto le permite no solo observar y recapacitar sobre sus avatares, sino ajustar cuentas consigo mismo y con su generación. Es el recorrido de la vida de un hombre insignificante en un período histórico de gran trascendencia para toda la humanidad.Conjuga perfectamente la cotidianidad de un hombre sin rostro público con la información de los desastres históricos.

El difunto bloque soviético parece ser una cantera inagotable de literatura de gaveta. La quinta esquina, la novela de Izraíl Métter, fue escrita en 1967 y publicada en 1989, ha sido recientemente traducida al español por Selma Ancira y aún no se ha llevado al inglés. La aparición de obras como ésta obliga a repensar la literatura del período soviético y la nueva visión de la historia que se puede apreciar con la publicación de este tipo de obras huérfanas, salidas necesariamente a destiempo. Los críticos tendrán que replantearse los tópicos generacionales y los historiadores tendrán que hurgar de nuevo en la fuente más valiosa que existe para estudiar los problemas del totalitarismo: la literatura.

Métter, nacido en Járkov en 1909, tuvo que vagar por todos los territorios soviéticos, como un Buscón de la tundra, sobreviviendo de diversos oficios, inventándose una historia para escapar del cuestionario que lo definió y lo atrapó desde pequeño, segregándolo de todas sus aspiraciones. Escribió, y guardó, guiones cinematográficos y otros textos que fueron publicados poco antes de su muerte, como su memoria de familia Generaciones (1992). Entre 1989 y 1996, año en que murió en San Petersburgo, se convirtió en un escritor de culto.

La quinta esquina es una novela relativamente breve, pero escrita con una prosa simple y precisa que a veces alcanza un lirismo sin afeites, directo y punzante. Es una meditación sobre cuarenta años de una vida y es a la vez una meditación sobre la inutilidad de meditar y recordar.

El personaje se enfrenta a la hipocresía de los intelectuales de su generación. En un momento clave de la obra recuerda haber asistido a una conferencia de Zhdanov sobre Zóschenko y Anna Ajmátova. Pero lo que le interesa a Métter es la audiencia, compuesta de intelectuales formados por el sistema: “…unos cuantos centenares de hombres y mujeres instruídos ejercían sobre sí mismos un esfuerzo antinatural…había que paralizar los músculos para no levantarse del lugar, para no gemir, para no perder el juicio…sin embargo, seiscientos representantes de la inteligencia, muchos de los cuales estaban ligados por un infinito respeto personal a Zóschenko y a Anna Ajmátova…escuchaban con respeto a ese hombre prematuramente gordo, de rostro redondo y bigotes de dandi, que caminaba con irritación delante de ellos y decía sus repugnantes y groseras estupideces”.

Métter trata de entender la impasibilidad y la complicidad de su generación con respecto a la figura de Stalin y enjuicia, aún incrédulo: “La gente moría de hambre agradeciéndole la saciedad…El miedo por sí solo no hubiera tenido la fuerza suficiente para mantener a una población de doscientos millones, durante treinta años, en un estado de fervor religioso”.

Tras enfrentar a varias personas, que ya pasado el terror estalinista continuaban sin arrepentirse de sus acciones, a pesar de haber perdido sus posiciones, medita: “Al observar a aquellas personas, que habían servido toda su vida en los órganos, intentaba adivinar quién de ellos había sido el primero en derribar de un puñetazo a Isaak Babel.. Me esforzaba por comprender qué veían ellos ahora, tan temprano por la mañana, cuando elevaban hacia el cielo sus ojos soñolientos.”

Métter, por supuesto, no ofrece respuestas, solamente nos brinda sus dudas sobre la condición humana. Compone su narrativa con una maestría que la hace atemporal y aunque tardía en aparecer, nunca a destiempo. La quinta esquina es una obra que desafía y trasciende su circunstancia. Una obra que viene del olvido y que nunca debe regresar a él. Es un regalo inesperado a lo mejor de la literatura universal.

La quinta esquina. Novela de Izraíl Metter. Libros del Asteroide, Barcelona 2014. 207 páginas.


Roberto Madrigal

Saturday, February 21, 2015

Los Oscares del 2015



Este domingo 22 de febrero vuelve la fiesta de Hollywood. Obras exclusivas de diseñadores famosos, joyas y oropel desfilarán por la alfombra roja y un poco más tarde, dentro del Teatro Dolby de Los Angeles, resonarán los discursos congratulatorios a productores, agentes, familiares y a los actores mismos, alguien mencionará una causa universal, agradable a todos los corazones dolientes y los interminables discursos tendrán que ser interrumpidos por la musiquita de fondo. Como en los custro años anteriores, trataré de apostar o adivinar los premios de la academia en las siete categorías principales, que son, a mi consideración: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Estelar, Mejor Actriz Estelar, Mejor Actor Secundario, Mejor Actriz Secundaria y Mejor Película en Lengua Extranjera. En el 2011 predije correctamente cuatro de los siete. En el 2012 acerté en cinco. En el 2013 volví a predecir cuatro ganadores. El año pasado adiviné seis de siete. No creo que repita ese acierto.

Estas predicciones no tienen que ver necesariamente con mi gusto personal. Llego a ellas en base a una serie de indicadores, como galardones obtenidos por los filmes nominados en otras premiaciones anteriores como los Globos de Oro, los premios BAFTA y los premios que conceden los sindicatos de actores y de directores de Hollywood. También reviso la historia de los óscares en los últimos años para detectar tendencias y favoritismos. No es una ciencia exacta y a veces las cosas se enredan, pero es posible acercarse bastante a los resultados si uno analiza estos detalles. Este es un año difícil en un par de categorías, pues  en la mayoría de ellas los premios anteriormente mencionados los han ganado los mismos nominados.

Mejor actriz secundaria: Este año, esta es una de las categorías más fáciles de predecir. Patricia Arquette, por su trabajo en Boyhood, se ha ganado todos los premios hasta ahora concedidos. Está muy bien en su papel  y es lo más seguro que gane también el premio de la Academia. Las otras nominadas son: Emma Stone (Birdman) y Laura Dern (Wild) por papeles tan efímeros que uno ni se acuerda que pasaron por la pantalla. Meryl Streep por un mediocre papel en la pésima Into the Woods, que lo puede hacer durmiendo y la única contendiente respetable es Keira Knightley por su rol en The Imitation Game, en el cual está muy bien, pero no creo que tenga el menor chance.
Va a ganar: Patricia Arquette.  Debe ganar: Patricia Arquette.

Mejor actor secundario: Esta es probablemente la categoría más fácil de escoger. Mark Ruffalo (Foxcatcher) y Robert Duvall (The Judge) están perfectos en sus respectivos papeles. Edward Norton (Birdman), está muy bien pero su papel es demasiado breve. Ethan Hawke (Boyhood) está injustamente nominado ya que me parece que lo único que demuestra es ser uno de los peores actores del momento. J.K. Simmons se ha ganado todos los premios anteriores, muy merecidamente por su papel en Whiplash. No solamente está impecable, sino que es un rol casi estelar, en el cual descansa la película. Aquí no hay misterio.
Va a ganar: J.K. Simmons.  Debe ganar: J.K. Simmons.

Mejor actriz en papel estelar: Aunque en esta categoría cualquiera de las nominadas se merece el premio, todo parece indicar que Julianne Moore se va a llevar la estatuilla sin discusión. Felicity Jones (The Theory of Everything), Rosamund Pike (Gone Girl), Marion Cotillard (Two Days, One Night) y Reese Witherspoon (Wild) están magistrales en sus respectivos papeles, pero Julianne Moore se ha ganado todos los premios ya concedidos por su actuación en Still Alice, como una científica que sufre de Alzheimer’s prematuro. No solamente da la nota perfecta, sino que este tipo de personajes de individuos con enfermedades terminales que luchan por mantener su dignidad es siempre un favorito de Hollywood.
Va a ganar: Julianne Moore.   Debe ganar: Julianne Moore.

Mejor actor en papel estelar: De nuevo, todos están muy bien y el premio nunca iría a parar a manos equivocadas. Aunque no me gusta para nada, Michael Keaton ha hecho el mejor papel de su mediocre carrera en Birdman. Steve Carrell (Foxcatcher) y Bradley Cooper (American Sniper) cumplen sus roles con precisión histriónica, pero Benedict Cumberbatch (The Imitation Game) y Eddie Redmayne (The Theory of Everything) están espectaculares en sus roles de dos personajes que también son favoritos de Hollywood. Por un lado, el homosexual que a pesar de su genio, su entrega y el servicio prestado es finalmente castigado por su inclinación sexual en la Inglaterra de posguerra, que aún sirve como metáfora de la crueldad anti-homosexual y por el otro  el genio atrapado por la enfermedad en su propio cuerpo y que se mantiene firme en sus luchas, sus creencias y sus principios. Además ambos están basados en personajes reales (Alan Turing y Stephen Hawking) y se las han arreglado para darles la complejidad que requiere la ficción. Redmayne ha ganado los premios anteriores y Cumberbatch ninguno, lo que lo pone en situación difícil. La sorpresa pudiera ser Keaton, quien ganó el Globo de Oro por actor de comedia.
Va a ganar: Eddie Redmayne.  Debe ganar: Benedict Cumberbatch.

Mejor película en lengua extranjera: Por lo general, este premio lo gana la película que una mayor cantidad de miembros de la academia pueden ver. La mayoría de las nominadas son películas que se exhiben apenas una semana en Los Angeles y New York para que califiquen al premio. He visto solamente dos de estas finalistas, ya que Leviathan la estrenan por estos lares dos días después de que escriba esto. No he visto ni Relatos salvajes, la película argentina que ha tenido mucho éxito de público dondequiera que se ha estrenado, incluyendo el pasado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, ni Mandarinas, la que representa a Estonia. Vi Timbuktu, que compite por Mauritania y que es una muy buena película pero que está muy distante de Ida, de Polonia, mi favorita y la cual para mí fue el mejor estreno del año pasado. Ida ganó el BAFTA, pero perdió el Globo de Oro contra Leviathan, la rusa, que veré pero no he visto y que, quizá apoyada en los sentimientos anti-Putin y como se dice que la película tiene mucho de crítica al sistema putinesco, puede que tenga buenas posibilidades de imponerse. Dicen que es muy buena pero se ha visto mucho menos que Ida.
Va a ganar: Ida.   Debe ganar: Ida.

Mejor película: En una situación parecida al año pasado, la selección de la mejor película pienso que se deberá a lo que los votantes decidan hacer con Boyhood y con Birdman, ya que ambas están nominadas como película y como director. Ninguna de las dos me convencieron y Birdman me parece mejor que Boyhood. Hollywood está infatuado con ambas y prácticamente habría que tirar moneda al aire para decidir. Las restantes están de acompañamiento. Solamente The Grand Budapest Hotel, que ganó el Globo de Oro por mejor comedia, tiene un chance remoto (el resto de la comparsa lo componen Whiplash, Selma, American Sniper, The Imitation Game y The Theory of Everything). Boyhood ganó el BAFTA y el Globo de Oro, por lo que siguiendo esa línea de razonamiento, apuesto por ella.
Va a ganar: Boyhood.  Debe ganar: American Sniper.

Mejor director: Dejo esta categoría para última porque dada la predicción anterior, se convierte en su complemento.  Birdman es la otra favorita del establecimiento y si premian Boyhood como película entonces me parece que los votantes, pretendiendo hacer justicia, premiarán a su director como el mejor. Alejandro González Iñárritu (Birdman) ganó el premio del sindicato de los directores, aunque Linklater, por Boyhood, ganó el BAFTA y el Globo de Oro. Esta es otra categoría difícil de predecir y aunque me cuesta trabajo pensar que Hollywood se atreva a premiar dos mejicanos seguidos (Cuarón ganó el año pasado), me arriesgaré a predecir que Iñárritu ganará. De los otros competidores Bennett Miller (Foxcatcher), Morten Tyldum (The Imitation Game) y Wes Anderson (The Grand Budapest Hotel) solamente este último tiene un lejanísimo chance. Aunque no es inusual, por regla general la Academia no da el premio de director y de película a la misma obra.
Va a ganar: Alejandro González Iñárritu.  Debe ganar: Alejandro González Iñárritu.

Roberto Madrigal


(Este artículo salió publicado el 20 de febrero en Cubaencuentro)

Monday, February 9, 2015

Fundamentalismos


Dunkinsville no es más que un lugar en el mapa de Ohio, específicamente en el condado Adams. No creo que su población se pueda estimar. Es una iglesia y cuatro casas desvencijadas, muy distantes entre sí. Se encuentra a poco más de una hora de Cincinnati que, con su relativo cosmopolitismo, es meramente una ciudad que fue. Menos de una hora más allá de Dunkinsville se encuentra Portsmouth, una aldea que fue, cuando el comercio fluvial era importante y Mark Twain navegaba por el río Ohio. O sea, está en el mismo medio de la nada.

No me interpreten mal. Me gusta y disfruto Cincinnati, donde vivo hace más de treinta años. Con sus viejas leyendas de Twain, de Sherwood Anderson, de Robert Lowry, de Harriet Beecher Stowe y del gordo Taft, el presidente que se dice que al sentarse, rompió un inodoro en la Casa Blanca. Con su leyenda de Kings records, de donde salieron Aretha Franklin y James Brown. Con su perenne conexión con Cuba, desde el debut de Rafael Almeida y Armando Marsans con los rojos de Cincinnati en 1911, pasando por Leonardo Cárdenas y Tony Pérez y ahora con Aroldis Chapman, así como con la cantidad de excelentes bailarines que por aquí han pasado, desde Nelson Madrigal y Lorna Feijóo hasta la actual cosecha de estrellas que integran el ballet de la ciudad y que incluye a Cervilio Amador, Yosvani Ramos, Rodrigo Almarales, Romel Frómeta, Gema Díaz, Ana Gallardo y Julio Concepción. Pero Dunkinsville está más allá de las fronteras de la imaginación.

Hace más de veinticinco años que pongo el piloto automático y visito, unas tres veces al año, el área de Dunkinsville. Ya ni me acuerdo de los números de las carreteras (a no ser que revise en Google), sólo sé que al llegar a la más que humilde iglesia metodista, debo hacer derecha en la próxima intersección y subir la colina, a través de una estrecha vía con pequeños pero peligrosos riscos al costado de sus curvas, hasta la Pastelería, Mercado y Mueblería Miller, que es mi verdadero destino.

Los Miller, que son hoy en día unas cuatro familias que viven en casas aledañas cercanísimas al mercado, tienen una peculiaridad, que es la que siempre me ha interesado: son Amish de la Vieja Orden.

Los Amish son un grupo religioso compuesto por los seguidores fieles de las doctrinas del pastor suizo Jakob Amman, un disidente de los Anabautistas, quien comenzó el movimiento en 1693. Debido a la persecución que sufrieron, escaparon a Holanda primero y finalmente, ya en el siglo diecinueve, a los Estados Unidos, principalmente a Pennsylvania y más tarde a zonas de Ohio, Indiana y Nueva York. Otros grupos se esparcieron por todos los Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica, principalmente México y algunas zonas de América Central, pero estos son los grupos menonitas menos ortodoxos.

Los de la Vieja Orden no solamente han mantenido sus costumbres, sino hasta su dialecto, una mezcla de suizo-alemán con holandés que se refleja en su acento cuando hablan inglés, al cual le llaman “Holandés de Pennsylvania”. Son un grupo cristiano extremadamente conservador y tradicionalista. Si la palabra fundamentalista no existiera, habría que inventarla para describir a los Amish de la Vieja Orden.

Se rigen por una serie de cánones que tienen que observar estrictamente. La electricidad no llega a sus casas (las que conozco son grandes casas de dos plantas, pintadas de blanco y mantenidas impolutas). No estudian más allá del octavo grado, en sus propias escuelas,  porque lo consideran inútil. Sus ropas son solamente de colores azules, grises, negros y blancos y no usan botones. Las mujeres no pueden usar maquillajes y en general se cubren la cabeza con un gorrito y se recogen el pelo en un moño. Los hombres se dejan la barba y solamente usan camisas de mangas largas. Llevan por lo general un sombrero. Los grupos no pagan impuestos de seguro social ni seguros privados. La comunidad se encarga de pagar por los gastos médicos y el cuidado de los ancianos. Alaban lo que llaman el “plain look”, o sea el lucir sencillo. En la mejor tradición de Jesucristo, son extraordinarios carpinteros. También se dedican a la agricultura y a la producción de derivados lácteos. Sus quesos y sus mantequillas son excelentes.

Aunque el 90% de los que crecen en esta religión permanecen en ella, no es por supuesto, un grupo sin problemas, ni completamente atractivo y pintoresco. Tienen, entre otras cosas, los problemas que confronta una comunidad cerrada que rechaza las influencias externas: la endogamia y los problemas genéticos que genera. Hay en su religión, como en toda religión monoteísta, un tufo autoritario y despótico. Un mesianismo insoportable. Es una comunidad estrictamente controlada y reprimida, aunque sea por deseo propio.

Pero lo que me interesa y me llama la atención de los Amish y mi experiencia con los Miller, más allá del par de muebles maravillosos que les he comprado (entre ellos un comodísimo sillón), de los quesos, panes de canela, pasteles de manzana y tubos de mantequilla que he consumido, es el hecho de observar una comunidad que vive bajo sus propias reglas, a pesar de que no tienen la necesidad de hacerlo.

Los Miller, y los Amish en general, son comerciantes prósperos. Sus mercancías son caras. No son aquellos religiosos que se refugian en sus creencias para esconderse de su pobreza material y de sus pequeños problemas existenciales y de sus vidas sin salida. Estos son verdaderos creyentes que aceptan sus limitaciones y la voluntad de su dios. Viven rodeados de tecnología y solamente se adaptan a ella para poder mantener sus costumbres espartanas. No les interesan los valores del mundo que los rodea.

Al visitar el mercado y la finca uno interactúa con individuos comedidamente amistosos, que te miran de frente y a los ojos. Cuando mi esposa y yo, o los invitados que nos acompañan, hablamos en español, nos miran con curiosidad, sobre todo los niños, pero con respeto, como debemos mirarlos a ellos cuando intercambian en su dialecto. Aunque para algunos quizá sean los saltimbanquis del circo, ellos se mantienen inalterables en su cordialidad. Además, como buenos negociantes, no discuten con el cliente.

Miran al intruso con desdeño. Piensan que el suyo es el camino correcto y allá el resto del mundo. No hay el menor interés en hacer proselitismo. Viven su fe y dejan vivir al descreído, que ya Dios se encargará del resto. Los Amish demuestran que el fundamentalismo no tiene que llegar al terrorismo ni al extremismo político. No envidian la vida de los otros porque la pudieran vivir si quisieran.

Los terroristas islámicos que tantos nos acosan en nuestro tiempo son el producto de un fundamentalismo manipulado. Todas las religiones son proclives a crear grupos extremistas pues su mensaje es siempre ambiguo. Se expresan en parábolas y metáforas. Unas más ridículas que otras, pero todas graves y cursis. Todas inducen al fanatismo. Pero los terroristas responden a una envidia o rencor por el estilo de vida de quienes atacan, quizá porque, a diferencia de los Amish, ellos quisieran vivir como sus enemigos y al resultarles imposible, deciden atacar un modo de vida que les resulta atractivo pero elusivo.

Como señalara Zizek en un reciente artículo, el hombre occidental ha perdido sus convicciones. La derecha y la izquierda liberal se mueven entre la intolerancia y el paternalismo complaciente. Lo que se necesita es un discurso capaz de enfrentar la desigualdad social, la xenofobia, el racismo y el segregacionismo, que incorpore los valores occidentales que de una manera u otra todo el mundo desea y que brinde verdaderas oportunidades de integración a los grupos inmigrantes. Que no se quede en la palabrería políticamente correcta, con su tolerancia condescendiente y  que de veras defienda la universalidad de los postulados modernos de igualdad, libertad y fraternidad, sin prometer utopías absurdas e irrealizables.

Mientras tanto, ahí seguirán multiplicándose los Miller, entre sus suaves colinas y sus valles maravillosos. Multiplicando su negocio. Manteniendo sus principios y sus costumbres con los mínimos ajustes necesarios para sobrevivir. Un callado ejemplo para todos. Como también es ejemplar la sociedad que les permite vivir así.


Roberto Madrigal

Monday, January 26, 2015

¿Contaminaciones culturales?


Uno puede rasgarse las vestiduras por el resto de la eternidad lamentando el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, pero lo cierto es que es un hecho irreversible y que abrirá toda una serie de posibilidades que no deben ignorarse a causa de los quejidos.

El proceso recién empieza y de momento solamente implica una elevación del nivel de relaciones por encima del que ya existía entre secciones de intereses. Esto quiere decir canales más directos de negociación en diferentes esferas, aumento en el flujo de visitantes americanos a Cuba, limitados acuerdos comerciales, más bien de supuesto carácter caritativo y un tímido incremento en las corresponsalías americanas en la isla y de la presencia de algunas instituciones culturales, ya sea vía organizaciones religiosas o a través de las ONG. Otras cosas se añadirán a la lista en otros planos, pero no me propongo ser exhaustivo.

Por supuesto, eso llegará hasta donde el gobierno cubano lo permita. Es una relación entre contrincantes, no es una relación amistosa. Será una interacción en la cual, de parte de La Habana, predominará la desconfianza. El gobierno americano, como acostumbra, ocupará cada pulgada que se le conceda.

Este proceso debe preocupar más al gobierno cubano que a nadie, pues este ha sido el que
siempre se ha rodeado de medidas protectoras, ejecutadas siempre con tácticas represivas,
para protegerse de las posibles contaminaciones que traiga al pueblo el roce con la cultura
americana y con los intelectuales del exilio. Ha sucedido así desde que inventaron el concepto
de “diversionismo ideológico” (que por cierto, es un disparate lingüístico, ya que la palabra
diversionismo no existe, aunque bien se nos hizo saber lo que quería decir dicho dislate).

Crearon así el concepto de las dos orillas, para poner en cuarentena cultural todo lo que no cayera dentro de sus parámetros. Sin embargo, esas dos orillas se han ido acercando con el tiempo debido a la transformación inevitable que ha ocurrido social y políticamente en todo el mundo y que se han visto obligados a acomodar de alguna manera en su cada vez más borrosa ideología.

Estos cambios en las relaciones, con el aumento del número de viajeros de aquí para allá, quizá facilite (es una oportunidad que no se debe malgastar) el flujo de libros y obras de escritores y artistas cubanos que residen fuera. Aunque esto se viene haciendo hace tiempo, ese es un bloqueo (de allá) que ahora puede romperse con mayor facilidad. Los paquetes” que hoy se distribuyen semiclandestinamente allá, podrán ser sustituidos por mejores paquetes y por programas originales.

Escritores y artistas de la isla ya llevan un tiempo viniendo por su cuenta a los Estados Unidos y saliendo a otras partes mediante invitaciones privadas (no me refiero a los enviados oficiales). Es una oportunidad de interactuar aún más, quizá de crear foros de discusión abierta (y a los oficiales, como siempre se ha tratado de hacer, salirles al paso y confrontar su discurso).

Los de “aquí” no debemos convertirnos en esa otra orilla y actuar como el reverso del gobierno cubano. Lo digo porque he visto muchas quejas con respecto a los “intercambios culturales”. En definitiva, qué importa que a un mediocre grupo musical lo vaya a ver unos cuantos miles de personas, es su gusto y su derecho. Ni que a algún vocero de la UNEAC lo vayan a agasajar unos cuantos figurantes. ¿A qué se le teme? ¿Qué pueden venir a vendernos? ¿O es que no estamos seguros de lo que pensamos?

No basta con la letanía de que “allá no dejan que se presente…” Eso se sabe y no va a cambiar. Ahí está la performance de Tania Bruguera para exponerlo una vez más. Es hora de intentar estimular y financiar la creación de eventos culturales independientes que puedan darse en la isla sin pedir permiso y que tengan una repercusión relevante (sin hacerme muchas ilusiones, porque ya se las arreglarán para bloquearlas).  Pero hay que tomar riesgos y presionar, porque las oportunidades ahora están ahí. Incluso, con el nuevo rango diplomático, el gobierno americano se ve obligado a exigir y defender a sus ciudadanos de manera más directa y transparente.

Es aún temprano para pensar concretamente en las alternativas, pero no hay duda de que hay nuevas perspectivas. El aislamiento solamente ayuda a los represores, a quienes quieren controlar el devenir cultural a su capricho. El Muro de Berlín tomó casi treinta años derribarlo, pero otros muros toman menos. A no ser que nadie lo intente. Los escritores cubanos del exilio, principalmente, han vivido este medio siglo en una isla y salvo algunas muy contadas excepciones, sin repercusión más allá de sus cenáculos. Ahora se presenta una posibilidad de trascender esos límites.

Roberto Madrigal

Sunday, January 11, 2015

Los mejores estrenos de 2014


Un año más que nuestra testarudez, esta vez a duras penas, se impone. Lo hacemos desde principios de los años setenta, junto con un grupo de amigos, cuando era nuestra única forma de expresar una opinión estética diferente a la oficial, en aquellos años de cruel represión, he estado haciendo la lista de las diez mejores películas del año. Tras el exilio de 1980, y la separación de casi todos nosotros los de entonces, no fue hasta principios de los noventa que Orlando Alomá y yo reanudamos el hábito, por el mero placer de hacerlo. Somos prácticamente los únicos de aquel grupo que vamos al cine con asiduidad hoy en día inusual. Este año, Alomá participó casi a pesar suyo, como explica en la nota que aparece más abajo. En los últimos cinco años, por iniciativa de Alejandro Armengol, hemos publicado las listas en Cubaencuentro y también lo hago en mi blog.

Este ha sido un mal año. Las distribuidoras han apretado la mano y lo que parecía promisorio el año pasado, este se ha derrumbado. Hay fieros controles en la distribución y comercialización de filmes independientes, alternativos y extranjeros y se hizo muy difícil tener opciones para quienes viven más allá de Nueva York y Los Angeles. Incluso ciudades que antes estaban casi a la par de estas dos, como Chicago, San Francisco y Filadelfia, se han visto seriamente afectadas. El cine americano comercial, por su parte, ha tenido un pésimo año en la taquilla, lo cual desde mi punto de vista es positivo, a ver si se dejan de tantas secuelas, precuelas, décimas partes y remakes, con sobredosis de efectos especiales y otros fuegos de artificio. Ojalá que las audiencias se hayan saturado de tanta falta de imaginación. Eso pudiera llevar a las grandes productoras a revalorizar sus proyectos. Pero no me hago ilusiones.

Este año mantenemos las bases de nuestra selección. Se limitan a lo estrenado en el año 2014 que está disponible a cualquier espectador normal en cualquier ciudad de los Estados Unidos, que puedan ser accesible en las salas de cine, en streaming, On Demand o en DVD durante el año. No cuentan películas exhibidas solamente en el circuito festivalero o en presentaciones especiales.

A continuación la nota y la selección de Alomá, más abajo, mi lista y mis comentarios.

Nada que ver  (Orlando Alomá)

Cuando la gente se queja, refiriéndose al cine, "No hay nada que ver", no deja de tener un poco de razón. Un Hollywood anémico parece estar rehaciendo y rehaciendo la misma película: mundos apocalípticos, superhéroes de historietas, muertos vivientes, historias con secuelas y precuelas (partes I, II, III hasta el infinito), anodinos dibujos animados, -- y ruido, sobre todo mucho ruido. 

Por eso, aunque desde los 14 años anoto todas las películas que veo (y lo sigo haciendo), este año a medida que avanzaba dejé de ir separando precandidatas para ayudarme en una selección de fin de año que ya casi no me interesa. He perdido fervor, temas vitales, ciertas inclinaciones y hasta repeticiones -- y sobre todo memoria: la prodigiosa ya no es ni con mucho lo que era. Por eso esta lista no tiene el rigor inclusivo de otros años y quizá no lo vuelva a tener. No pensaba hacerla y, aunque cambié de parecer a la hora nona, esta vez no he revisado línea por línea, sino que las saco de un saco como me voy acordando.

Aunque no suelo ordenar mis listas, este año dos películas me gustaron claramente más que las demás: Ida (Polonia) y The immigrant (USA). Dicho esto, regreso (repito) a la habitual falta de orden y a la posibilidad de que se me hayan quedado fuera algunas que hace meses me gustaron y ahora no tengo ganas de hacer el esfuerzo para estar seguro (por ejemplo, Europa continental brilla por su ausencia y esa falta es rarísima). He aquí lo que queda de mi azarosa selección:

A Most Wanted Man (Gran Bretaña), Calvary (Irlanda), The Drop (USA), Birdman (USA) y The Gambler (USA). 

Mi lista (de 76 elegibles):

1.- Ida  (Polonia/Dinamarca/Francia/Gran Bretaña 2013). Dir: Pawel Pawlikowski.
2.- A Touch of Sin  (China/Japón/Francia 2013). Dir: Jia Zhangke.
3.- The Immigrant  (E.U.A. 2013). Dir: James Gray.
4.- The Notebook   (Hungría/Alemania/Austria/Francia 2013). Dir: Janos Szasz.
5.- The Drop   (E.U.A. 2014).  Dir: Michael Roskam.
6.- Calvary   (Irlanda/Gran Bretaña 2014).  Dir: John Michael McDonagh.
7.- Bird People  (Francia 2014).  Dir: Pascale Ferran.
8.- Nightcrawler  (E.U.A. 2014).  Dir: Dan Gilroy.
9.- The Past   (Francia/Italia/Irán 2013).  Dir: Asghar Fahradi.
10.- Gloria  (Chile/España 2013).  Dir: Sebastián Lelio.

Para mí, la sorpresa del año fue 7 cajas, un oscuro filme paraguayo de poca difusión que finalmente apareció OnDemand. Es una película hecha casi sin presupuesto pero realizada de manera excelente y casi cae en mi lista. No comparto el entusiasmo de otros críticos y de algunos amigos con The Grand Budapest Hotel, Boyhood y Under the Skin. Por discriminación de las distribuidoras, me perdí este año Winter Sleep, Leviathan, Inherent Vice y American Sniper. Quedarán para el próximo año. Espero estar de regreso por divertimento y no por canonización, por provocación y no por codificación. Mientras dure el entusiasmo.

Roberto Madrigal


Este artículo salió publicado en Cubaencuentro el 9 de enero del 2015.

Thursday, January 1, 2015

El triunfo de Tania


Independientemente de lo que cualquiera piense de Tania Bruguera como artista o como persona, no se puede negar que El susurro de Tatlin #6 ha resultado todo un éxito. Puede también considerarse como uno de los desafíos culturales más importantes a los que se ha tenido que enfrentar la tiranía de los Castro, en este caso, además, han sido participantes involuntarios.

Si ente las principales características del arte se cuentan la transgresión, la provocación y la desacralización, esta anunciada performance ha cumplido con todo esto. Al advertir que iba a realizar esta versión de su serie, que comenzara en el año 2009 en el Centro Wifredo Lam, en la Plaza de la Revolución, de sobra conocía la reacción que iba a causar en la burocracia cultural cubana. La plaza que heredó de Batista, la convirtió Castro en su sitio sagrado. Su templo abierto en el cual por 56 años se han celebrado sus actos, desfiles y congregaciones más significativas. Si se ha repetido hasta el cansancio que la “calles es para los revolucionarios”, qué decir de la Plaza. Es el sitio intocable y atreverse a utilizarlo como un Agora de verdad es una afrenta inaceptable.

La reacción no se hizo esperar y Raúl Castro actuó como acostumbra a hacerlo en situaciones similares, con arrestos e intimidaciones. Sus amanuenses actuaron primero, reuniéndose y asustando con los argumentos de siempre, que si no es el momento oportuno, que no se pueden hacer cosas sin una planificación previa, etc. En ello consistió su rol en esta performance, algo que quizá Bruguera tenía planeado de antemano.

El show continúa. Ya han salido artistas e intelectuales, de aquí y de allá, a realizar declaraciones en su contra, que si fue oportunista, que si no siguió los medios adecuados y toda la farsa que esgrime el cobarde, porque Bruguera se jugó el arresto y ahora la amenazan con levantarle cargos por diferentes delitos. Por cierto, que sí fue oportunista, en el buen sentido de la palabra, aprovechó una oportunidad para desenmascarar al opresor.

Un acto de expresión artística, por muy desafiante que sea, no puede, por sí solo, echar abajo una tiranía, pero es un paso y es un momento importante. Puede, sin embargo, mostrar el miedo que tienen los totalitarismos de permitir la libre expresión artística y política. En el caso cubano, ayuda a mostrar los límites de los llamados cambios raulistas.

La actitud de Bruguera contrasta, por otra parte, con la tímida protesta de los cineastas cubanos del G-20, quienes para protestar la supuesta censura que se le hizo al filme Regreso a Itaca, del director francés Laurent Cantet con guión de Leonardo Padura, basada en la novela La novela de mi vida, de este último, tuvieron que apelar en su redacción a frases penosas como “Apoyamos a la dirección del Festival por su acertada, inteligente y revolucionaria política de programación, inspirada en las enseñanzas de un hombre como Alfredo
Guevara, quien aprendió y se enriqueció de las experiencias, aciertos y errores de su larga y ejemplar trayectoria.”  O como “Aspiramos a recobrar cuanto antes los tiempos en los que podíamos dialogar con las autoridades culturales, las del Gobierno y el Partido, sobre cualquier tema, proyecciones futuras o diferencias.


Contrasta también con la actitud del propio Padura, que pidió al director que guardara silencio, y que ha optado por bajar la cabeza y negociar algún tipo de permiso. Bruguera no necesitó permiso para su performance. Los cineastas y Padura actuaron con la mesura de quien obedece al miedo. Bruguera no mostró miedo y eso sí que asusta.

Escribo esto en momentos en los cuales me encuentro de viaje y con pocas condiciones para escribir un artículo, pero no podía desechar la oportunidad de comentar al respecto, aunque sea un poco apresurado y quizá con un entusiasmo que no suelo expresar, porque la performance que ha desatado Bruguera, aún no ha terminado.


Roberto Madrigal

Friday, December 26, 2014

Y van cuatro


Hoy ya se cumplen cuatro años de bloguear, por lo que no temo repetirme y de nuevo desear una feliz navidad y un mejor 2015 a todos los que me leen, seguidores y asiduos, así como a quienes divulgan mis entradas. Gracias a todos, incluyendo a Armengol, Ballagas, Cancio, Gálvez, Hernández Busto, Isis, Ponte, Rita Martin, Nestor DDV, Rosado, Ted Henken, Teresita, Rogelio Fabio Hurtado, Verónica y Zoe. A Café Fuerte, Cubaencuentro, Diario de Cuba, Penúltimos Días y Tumiamiblog. En este grupo agrego a Cubanet (Hugo y Armando), a Enrisco y a Libros del Crepúsculo (Rafael). También a todos los que comentan y me divulgan por Facebook, entre ellos Juansi, Jesús Rosado, Mercy Frances, Midalys Palacios, Iván de la Nuez, Jorge Dávila, Jorge Sotolongo, Liu, Idalia, Cira, Nicolás y tantos otros que los omito para no hacer una lista tediosa, incluyendo a muchos que tienen mi enlace en sus blogs. Perdonen los que quedaron fuera, fue al azar, sé que hay muchos más y mi agradecimiento es igual para todos. Gracias otra vez.


Roberto Madrigal