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Sunday, January 11, 2015

Los mejores estrenos de 2014


Un año más que nuestra testarudez, esta vez a duras penas, se impone. Lo hacemos desde principios de los años setenta, junto con un grupo de amigos, cuando era nuestra única forma de expresar una opinión estética diferente a la oficial, en aquellos años de cruel represión, he estado haciendo la lista de las diez mejores películas del año. Tras el exilio de 1980, y la separación de casi todos nosotros los de entonces, no fue hasta principios de los noventa que Orlando Alomá y yo reanudamos el hábito, por el mero placer de hacerlo. Somos prácticamente los únicos de aquel grupo que vamos al cine con asiduidad hoy en día inusual. Este año, Alomá participó casi a pesar suyo, como explica en la nota que aparece más abajo. En los últimos cinco años, por iniciativa de Alejandro Armengol, hemos publicado las listas en Cubaencuentro y también lo hago en mi blog.

Este ha sido un mal año. Las distribuidoras han apretado la mano y lo que parecía promisorio el año pasado, este se ha derrumbado. Hay fieros controles en la distribución y comercialización de filmes independientes, alternativos y extranjeros y se hizo muy difícil tener opciones para quienes viven más allá de Nueva York y Los Angeles. Incluso ciudades que antes estaban casi a la par de estas dos, como Chicago, San Francisco y Filadelfia, se han visto seriamente afectadas. El cine americano comercial, por su parte, ha tenido un pésimo año en la taquilla, lo cual desde mi punto de vista es positivo, a ver si se dejan de tantas secuelas, precuelas, décimas partes y remakes, con sobredosis de efectos especiales y otros fuegos de artificio. Ojalá que las audiencias se hayan saturado de tanta falta de imaginación. Eso pudiera llevar a las grandes productoras a revalorizar sus proyectos. Pero no me hago ilusiones.

Este año mantenemos las bases de nuestra selección. Se limitan a lo estrenado en el año 2014 que está disponible a cualquier espectador normal en cualquier ciudad de los Estados Unidos, que puedan ser accesible en las salas de cine, en streaming, On Demand o en DVD durante el año. No cuentan películas exhibidas solamente en el circuito festivalero o en presentaciones especiales.

A continuación la nota y la selección de Alomá, más abajo, mi lista y mis comentarios.

Nada que ver  (Orlando Alomá)

Cuando la gente se queja, refiriéndose al cine, "No hay nada que ver", no deja de tener un poco de razón. Un Hollywood anémico parece estar rehaciendo y rehaciendo la misma película: mundos apocalípticos, superhéroes de historietas, muertos vivientes, historias con secuelas y precuelas (partes I, II, III hasta el infinito), anodinos dibujos animados, -- y ruido, sobre todo mucho ruido. 

Por eso, aunque desde los 14 años anoto todas las películas que veo (y lo sigo haciendo), este año a medida que avanzaba dejé de ir separando precandidatas para ayudarme en una selección de fin de año que ya casi no me interesa. He perdido fervor, temas vitales, ciertas inclinaciones y hasta repeticiones -- y sobre todo memoria: la prodigiosa ya no es ni con mucho lo que era. Por eso esta lista no tiene el rigor inclusivo de otros años y quizá no lo vuelva a tener. No pensaba hacerla y, aunque cambié de parecer a la hora nona, esta vez no he revisado línea por línea, sino que las saco de un saco como me voy acordando.

Aunque no suelo ordenar mis listas, este año dos películas me gustaron claramente más que las demás: Ida (Polonia) y The immigrant (USA). Dicho esto, regreso (repito) a la habitual falta de orden y a la posibilidad de que se me hayan quedado fuera algunas que hace meses me gustaron y ahora no tengo ganas de hacer el esfuerzo para estar seguro (por ejemplo, Europa continental brilla por su ausencia y esa falta es rarísima). He aquí lo que queda de mi azarosa selección:

A Most Wanted Man (Gran Bretaña), Calvary (Irlanda), The Drop (USA), Birdman (USA) y The Gambler (USA). 

Mi lista (de 76 elegibles):

1.- Ida  (Polonia/Dinamarca/Francia/Gran Bretaña 2013). Dir: Pawel Pawlikowski.
2.- A Touch of Sin  (China/Japón/Francia 2013). Dir: Jia Zhangke.
3.- The Immigrant  (E.U.A. 2013). Dir: James Gray.
4.- The Notebook   (Hungría/Alemania/Austria/Francia 2013). Dir: Janos Szasz.
5.- The Drop   (E.U.A. 2014).  Dir: Michael Roskam.
6.- Calvary   (Irlanda/Gran Bretaña 2014).  Dir: John Michael McDonagh.
7.- Bird People  (Francia 2014).  Dir: Pascale Ferran.
8.- Nightcrawler  (E.U.A. 2014).  Dir: Dan Gilroy.
9.- The Past   (Francia/Italia/Irán 2013).  Dir: Asghar Fahradi.
10.- Gloria  (Chile/España 2013).  Dir: Sebastián Lelio.

Para mí, la sorpresa del año fue 7 cajas, un oscuro filme paraguayo de poca difusión que finalmente apareció OnDemand. Es una película hecha casi sin presupuesto pero realizada de manera excelente y casi cae en mi lista. No comparto el entusiasmo de otros críticos y de algunos amigos con The Grand Budapest Hotel, Boyhood y Under the Skin. Por discriminación de las distribuidoras, me perdí este año Winter Sleep, Leviathan, Inherent Vice y American Sniper. Quedarán para el próximo año. Espero estar de regreso por divertimento y no por canonización, por provocación y no por codificación. Mientras dure el entusiasmo.

Roberto Madrigal


Este artículo salió publicado en Cubaencuentro el 9 de enero del 2015.

Thursday, January 1, 2015

El triunfo de Tania


Independientemente de lo que cualquiera piense de Tania Bruguera como artista o como persona, no se puede negar que El susurro de Tatlin #6 ha resultado todo un éxito. Puede también considerarse como uno de los desafíos culturales más importantes a los que se ha tenido que enfrentar la tiranía de los Castro, en este caso, además, han sido participantes involuntarios.

Si ente las principales características del arte se cuentan la transgresión, la provocación y la desacralización, esta anunciada performance ha cumplido con todo esto. Al advertir que iba a realizar esta versión de su serie, que comenzara en el año 2009 en el Centro Wifredo Lam, en la Plaza de la Revolución, de sobra conocía la reacción que iba a causar en la burocracia cultural cubana. La plaza que heredó de Batista, la convirtió Castro en su sitio sagrado. Su templo abierto en el cual por 56 años se han celebrado sus actos, desfiles y congregaciones más significativas. Si se ha repetido hasta el cansancio que la “calles es para los revolucionarios”, qué decir de la Plaza. Es el sitio intocable y atreverse a utilizarlo como un Agora de verdad es una afrenta inaceptable.

La reacción no se hizo esperar y Raúl Castro actuó como acostumbra a hacerlo en situaciones similares, con arrestos e intimidaciones. Sus amanuenses actuaron primero, reuniéndose y asustando con los argumentos de siempre, que si no es el momento oportuno, que no se pueden hacer cosas sin una planificación previa, etc. En ello consistió su rol en esta performance, algo que quizá Bruguera tenía planeado de antemano.

El show continúa. Ya han salido artistas e intelectuales, de aquí y de allá, a realizar declaraciones en su contra, que si fue oportunista, que si no siguió los medios adecuados y toda la farsa que esgrime el cobarde, porque Bruguera se jugó el arresto y ahora la amenazan con levantarle cargos por diferentes delitos. Por cierto, que sí fue oportunista, en el buen sentido de la palabra, aprovechó una oportunidad para desenmascarar al opresor.

Un acto de expresión artística, por muy desafiante que sea, no puede, por sí solo, echar abajo una tiranía, pero es un paso y es un momento importante. Puede, sin embargo, mostrar el miedo que tienen los totalitarismos de permitir la libre expresión artística y política. En el caso cubano, ayuda a mostrar los límites de los llamados cambios raulistas.

La actitud de Bruguera contrasta, por otra parte, con la tímida protesta de los cineastas cubanos del G-20, quienes para protestar la supuesta censura que se le hizo al filme Regreso a Itaca, del director francés Laurent Cantet con guión de Leonardo Padura, basada en la novela La novela de mi vida, de este último, tuvieron que apelar en su redacción a frases penosas como “Apoyamos a la dirección del Festival por su acertada, inteligente y revolucionaria política de programación, inspirada en las enseñanzas de un hombre como Alfredo
Guevara, quien aprendió y se enriqueció de las experiencias, aciertos y errores de su larga y ejemplar trayectoria.”  O como “Aspiramos a recobrar cuanto antes los tiempos en los que podíamos dialogar con las autoridades culturales, las del Gobierno y el Partido, sobre cualquier tema, proyecciones futuras o diferencias.


Contrasta también con la actitud del propio Padura, que pidió al director que guardara silencio, y que ha optado por bajar la cabeza y negociar algún tipo de permiso. Bruguera no necesitó permiso para su performance. Los cineastas y Padura actuaron con la mesura de quien obedece al miedo. Bruguera no mostró miedo y eso sí que asusta.

Escribo esto en momentos en los cuales me encuentro de viaje y con pocas condiciones para escribir un artículo, pero no podía desechar la oportunidad de comentar al respecto, aunque sea un poco apresurado y quizá con un entusiasmo que no suelo expresar, porque la performance que ha desatado Bruguera, aún no ha terminado.


Roberto Madrigal

Friday, December 26, 2014

Y van cuatro


Hoy ya se cumplen cuatro años de bloguear, por lo que no temo repetirme y de nuevo desear una feliz navidad y un mejor 2015 a todos los que me leen, seguidores y asiduos, así como a quienes divulgan mis entradas. Gracias a todos, incluyendo a Armengol, Ballagas, Cancio, Gálvez, Hernández Busto, Isis, Ponte, Rita Martin, Nestor DDV, Rosado, Ted Henken, Teresita, Rogelio Fabio Hurtado, Verónica y Zoe. A Café Fuerte, Cubaencuentro, Diario de Cuba, Penúltimos Días y Tumiamiblog. En este grupo agrego a Cubanet (Hugo y Armando), a Enrisco y a Libros del Crepúsculo (Rafael). También a todos los que comentan y me divulgan por Facebook, entre ellos Juansi, Jesús Rosado, Mercy Frances, Midalys Palacios, Iván de la Nuez, Jorge Dávila, Jorge Sotolongo, Liu, Idalia, Cira, Nicolás y tantos otros que los omito para no hacer una lista tediosa, incluyendo a muchos que tienen mi enlace en sus blogs. Perdonen los que quedaron fuera, fue al azar, sé que hay muchos más y mi agradecimiento es igual para todos. Gracias otra vez.


Roberto Madrigal

Thursday, December 18, 2014

El fin de una historia


Para ver más allá de la retórica, la grandilocuencia, las posturas y la gravedad de los gestos, en lo que respecta a la política y los políticos, hay que ponerse un lente de cinismo y otro de escepticismo. Como dice una de las definiciones de la política que puede encontrarse en el diccionario de la Real Academia Española: “Arte con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado”. En otras palabras, farsa y manipulación.

Ayer, 17 de diciembre de 2014 culminó un largo proceso de más de un año, que en silencio tuvo que ser y en el cual estuvo involucrado hasta el Vaticano. El gobierno americano, presidido por su presidente electo Barack Obama, anunció, en trasmisión televisiva, simultáneamente con el dictador cubano Raúl Castro, que sus gobiernos habían decidido reanudar las relaciones diplomáticas a nivel de embajada, que se habían roto hace casi 54 años. No hay dudas que se trató de un momento histórico

Elucubrar, discutir, especular, ponderar y adivinar las razones que tuvo cada gobierno para finalmente dar este paso, llenaría volúmenes escritos con interminables discusiones. La política tiene muy poco de ética y se mide en ganadores y perdedores, y en la defensa de los intereses de cada nación. No debe olvidarse que los americanos (bueno, más bien Peirce y William James) inventaron el pragmatismo y los políticos estadounidenses siempre se han regido por ese principio filosófico.

Los ganadores principales de esta maniobra son Obama y Raúl Castro. Dos figuras que siempre han tenido un ojo puesto en la Historia. Obama, con ser el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos y con su premio Nobel, ya lo tenía garantizado, pero siempre ha querido más. Ahora se convierte en el líder que acabó con el último lastre de la Guerra Fría. A los ojos futuros de la historia abrió las puertas a una nueva visión política, rompiendo el inmovilismo que acarreaba una política longeva que apenas dio resultados y a la cual se oponían casi todos los gobiernos del mundo.

Castro al fin ocupa un lugar en la Historia que siempre le negó su hermano mayor. Se convirtió en el dictador de turno que consiguió, gracias a su zorruna estrategia de cambios sin movimiento, ser legitimado por el gobierno de los Estados Unidos sin ceder un milímetro en su línea política, manteniendo firme el carácter represivo y antidemocrático de su gobierno. Nueve presidentes americanos se lo negaron a su hermano. No en balde apareció ante las cámaras altanero y enfundado en su traje militar. No podía perder la oportunidad de mostrar ante el mundo su orgullo de anciano criminal. Mucho tuvo que esperar para alcanzar su momento.

A pesar de que ahora comienza un proceso de tecnicismos y ajustes que traerá muchas sorpresas, para los americanos las ganancias, en un principio, están en la posibilidad de colocarse en posición ventajosa para cuando en 2018 se retire Castro del poder (como ha anunciado y si es que llega vivo a esa fecha), de ocurrir una pseudotransición, poder tomar control de renglones económicos y decisiones políticas que les beneficien y estar mejor armados para lidiar con otra posible migración masiva.  Los bancos americanos se beneficiarán del uso de tarjetas de crédito que podrán hacer los visitantes americanos a Cuba. Algunos empresarios comenzarán sus cabildeos para futuras inversiones. Se fumarán más tabacos cubanos y se tomará más ron producido en la isla. Habrá más espías mejor ubicados en la isla y el gobierno tendrá una información más confiable de lo que allá sucede. Garantizan una presencia que hasta ahora les ha eludido.

Castro asegura un aumento en el ingreso monetario que traerán esas visitas, por muy limitadas que sean, así como el incremento de las remesas de los exiliados. Este reconocimiento le asegura poder seguir usando a su antojo la represión contra cualquier expresión disidente. Ahora empuñará con más firmeza el hacha sobre las cabezas de los cubanos. Usará gran parte de los fondos para afirmar el futuro de sus familiares más cercanos y el de sus cúmbilas en el poder. De momento, el camino está despejado. Su ministerio favorito, el del Interior, recuperará un poco de su lustre, ya que tendrán que afilarse para vigilar a los nuevos visitantes. Por otra parte, acaba de perder su excepcionalidad, ahora se le tratará como a otro sátrapa más.

El gran perdedor, como siempre, es el pueblo cubano, que no cuenta para nada en estas negociaciones. Algunos se ilusionarán pensando en grandes milagros que nunca llegarán. Muchos volverán a su nada cotidiana sin remedio. Quizá, dentro de no mucho, habrá más dólares circulando y una cierta minoría de los cubanos de a pie verán mejorar sus vidas un poquito, no mucho. Puede que los trasiegos entre las dos orillas traigan consigo un poco más de ropa y de alimentos, pero no mucho más. Se intensificará la desigualdad social. Pero nada de esto le importa al gobierno americano (no me refiero a Obama, sino a todos, a los once presidentes que han desfilado a lo largo de la continuidad del castrismo), y mucho menos al cubano.

Otros perdedores, en un futuro mediato, serán las cadenas hoteleras europeas. A los Meliá, los Iberostar, los Barceló y tantos otros, les debe preocupar que más temprano que tarde puedan ser sustituidos por los Hilton, los Mariott, los Westin y otros conglomerados americanos. Los turistas canadienses, italianos, españoles y mexicanos puede que pierdan el favor de las jineteras, de los pingueros y de los menores edad de quienes abusan, quienes probablemente pondrán sus servicios a disposición de los americanos.

No hay muchos más cambios de momento. El embargo continúa y la ley de ajuste sigue en pie por ahora, aunque el hecho de elevar la sección de intereses a nivel de embajada puede facilitar las deportaciones y las extradiciones entre ambos países.  Las negociaciones que ambos gobiernos han llevado a cabo en secreto a lo largo de estos años, tendrán lugar ahora por canales más abiertos, más regulados y más transparentes.

No menciono a los otros obvios ganadores, Alan Gross y el innombrado Rafael Sarraff Trujillo. Este último parece haber sido la verdadera razón del intercambio de prisioneros. Ni a los obvios perdedores, los tres espías restantes, que han salido muy rosaditos de su prisión americana y quienes tras posar como payasos en algunos mítines triunfalistas que se llevarán a cabo en las próximas semanas, pasarán, como se merecen, al olvido y a ser triturados por la maquinaria castrista a la cual sirvieron.

No hay mucho más. El optimismo es para los ilusos y los delirantes que compran utopías. El pesimismo queda para los que han visto su tiempo pasar, los que se cobijaron en la inercia de una política que se volvió anacrónica e inútil. Las diferencias fundamentales entre ambos gobiernos se mantienen inalteradas.

El 3 de enero de 1961 Cuba y Estados Unidos rompieron relaciones diplomáticas. Yo me encontraba en Miami con mis abuelos. Esa noche mis padres urgieron que se me regresara y el día cuatro salí para La Habana en un avión DC-4 de Pan American junto a otras cinco personas. Cuando aterricé vi una inmensa fila de gente esperando abordarlo a su regreso a Miami. Escuché que los 116 asientos disponibles habían sido vendidos. Me tomó diecinueve años y un asilo regresar. Esto es el fin de una historia que para mí comenzó muy mal y que no tiene un final feliz, a pesar de haber sido escrita a la sombra de Hollywood.


Roberto Madrigal

Monday, December 8, 2014

Elogio de la trivialidad



El 14 de marzo de 1950, un joven militante del Partido Comunista checoslovaco se presenta en una estación de policía para delatar a un tal Miroslav Dvoracek como espía occidental. Dvoracek fue condenado a 22 años de trabajos forzados, muchos de los cuales pasó en una mina de uranio en Ucrania. Fue liberado tras cumplir catorce años de su sentencia.

La información fue publicada en 2008 por la revista checa Respekt, y se basaba en el análisis, somero, de un reporte policial recién entonces descubierto. Se convirtió en una escandalosa revelación internacional porque señalaba que el joven delator era nada menos que Milan Kundera. La historia se complica porque otras fuentes señalan que Dvoracek era amante de lva Militka, quien era novia de Ivan Dask, a su vez amigo íntimo de Kundera. La intriga que rodeó a este cuadrado amoroso también apunta que quizá fue Dask el delator, pero otras fuentes señalan la posibilidad de dos denunciantes, Dask y Kundera.

Kundera negó los alegatos. Un grupo de escritores, entre ellos Carlos Fuentes y Juan Goytisolo, lo defendieron. Otros se atrincheraron en su contra, como hizo Ivan Klima. Lo cierto es que la sombra de la duda ha pesado sobre Kundera desde entonces, sin que por ello nadie se haya atrevido a minimizar el valor de su obra.

En 1967 se publica la primera novela de Kundera, La broma, en la cual el protagonista, Ludvik, un estudiante universitario, miembro activo del Partido Comunista, envía una postal a su novia en la cual declara: “¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez”. Es solo una broma, una pequeña provocación, pero la muchacha lo toma literalmente y con sospecha y denuncia al protagonista ante sus superiores del partido. Ludvik es expulsado de la organización y de la universidad, y es enviado a hacer trabajos forzados a una mina para desertores. Dos años después la obra fue llevada al cine por Jaromil Jires, quien la dirigió y escribió el guión. Filme y novela no causaron sino problemas a Kundera, que luego participó junto con Vaclav Havel en la disidencia antisoviética. No pudo publicar más en su país y en 1975 se exiló en Francia.

En 1979 el gobierno checo lo despojó de su ciudadanía, en 1981 se hizo ciudadano francés y poco después comenzó a escribir el resto de su obra en francés y a insistir que se le considerase como escritor francés.

Con la información que se conoce, aunque ambiguamente, ahora, que no se sabía entonces, se puede conjeturar que la obra narrativa de Kundera obedece a un gran sentido de culpa y a enfrentar el mundo como un caos en el cual los hechos más leves, o los más apasionados, conducen a resultados inesperados para los personajes, debido al interés de las fuerzas políticas en establecer un orden donde no lo debe haber. Viniendo del totalitarismo, Kundera sabe que el poder, y sobre todo el poder total, no tiene sentido del humor o tiene un sentido del humor tan retorcido, que no tolera la ironía que lo desafía.

Kundera también nació en una zona que es una contradicción y casi una broma en sí misma. Una zona geográfica, por muchos años nombrada como Europa del Este por razones políticas que ya han desaparecido y que ha recuperado su denominación geográfica, Europa Central, algo en lo cual siempre insistió Kundera. Esa región que está compuesta por Polonia, Austria, Hungría, Ucrania y la República Checa, que se caracteriza por fuertes sentimientos antisemitas y que sin embargo de ella han salido los principales políticos, artistas, intelectuales y pensadores judíos como Sigmund Freud, Golda Meir, Menachem Begin, David Ben-Gurion, Franz Kafka, Stefan Zweig, Joseph Roth, Dziga Vertov y Leon Trotsky, para no seguir la lista.

Desde los títulos: La vida está en otra parte, El libro de la risa y el olvido, La insoportable levedad del ser, La ignorancia y La lentitud (entre otras), en los cuales resalta lo insignificante de nuestras existencias y lo frágil que somos ante el poder, hasta sus personajes, que son siempre individuos perseguidos, tanto por el estado, como por sus propias dudas y que sufren casi siempre de un castigo, minimizados y despojados de su identidad social, la obra de Kundera es, por una parte un elogio de lo trivial y por otra una perenne penitencia por un pecado original innombrable. Lo trivial como la única esencia de nuestra existencia, el pecado original como una mancha que nadie ha pedido y que, una vez que nos marca, resulta indeleble.

Con su última novela, La fiesta de la insignificancia, demuestra que a sus 85 años, mantiene intacta su visión de la vida, que temáticamente no se ha vuelto complaciente y que aún no se ha podido zafar de los demonios que han alimentado su obra. El peso del poder que quizá por su culpa arruinó la vida de un conocido, que después golpeó la suya y que afecta a sus personajes, lo sigue cargando trabajosamente sobre sus hombros.

En esta brevísima novela, se ofrecen instantáneas de los encuentros y desencuentros de cuatro amigos, Ramón, Calibán, Alain y Charles, sesentones tardíos, que unidos por un pasado común que nunca pueden olvidar, se relacionan en base a situaciones triviales y bromas. También fingen para provocar afectos, ocultan ese vacío y levedad de sus vidas para asumir personajes y máscaras con las cuales enfrentar al mundo.

No es una gran novela, no posee densidad temática ni sus personajes tienen mucha riqueza psicológica, y pudiera ser prescindible si no fuera porque de alguna manera quizá cierra el ciclo de un gran escritor, pero a pesar de su escuálida narrativa y de ser mayormente una reunión de aforismos y meditaciones agudas de afectada superficialidad, su escritura mantiene la ironía y el sarcasmo típico de la prosa del mejor Kundera.

Charles se regodea contando una anécdota de Stalin, en la cual el georgiano se da gusto haciendo un cuento a los miembros de su Politburó, sobre veinticuatro perdices que él fue a cazar, y después de matar a la mitad y de haberse quedado sin balas, narra que se aprovisionó y regresó al lugar para ver que las restantes perdices se mantenían pasivas en el mismo lugar en el cual las había dejado y las mata entonces a todas.

Los miembros del Politburó no entienden si el cuento es en serio o es una broma, y se esconden en los baños para patalear y quejarse de las mentiras de su líder, Jrushchov principalmente, se lo toma todo en serio y tiene que ser consolado por Brezhnev, mientras sin ellos saberlo, Stalin los escucha oculto tras la puerta, muerto de la risa. Al final de la novela, un Stalin disfrazado de cazador, o un impostor disfrazado de Stalin disfrazado de cazador, se pasea por el jardín de Luxemburgo, disparando contra las estatuas de las reinas de Francia.

Kundera parece insistir en que la vida es una broma mal contada, todo es insignificante, solo las ideologías y las religiones quieren darle gravedad a la vida. Al final nada importa y lo trivial es nuestro refugio. Como reza un pasaje de La broma: “…la gente se engaña mediante una doble creencia errónea…y en la posibilidad de las reparaciones (de los actos, de las injusticias)…La realidad es precisamente lo contrario: todo será olvidado y nada será reparado. El papel de la reparación…lo lleva a cabo el olvido. Nadie reparará las injusticias que se cometieron, pero toda las injusticias serán olvidadas”. En La fiesta de la insignificancia hay un momento que parece un corolario de lo anterior en el cual Ramón dice: “…una sola cosa me hace falta: ¡el buen humor!...No la burla, no la sátira, no el sarcasmo. Sólo desde lo alto del infinito buen humor puedes observar debajo de ti la eterna estupidez de los hombres, y reírte de ella…pero ¿cómo encontrar el buen humor?”.

Pero Kundera, a pesar de todo, ni olvida ni lo olvidan, su propia vida es una broma.


La fiesta de la insignificancia. Milan Kundera. Tusquets Editores. Colección Andanzas. 2014. 138 páginas.

Monday, November 24, 2014

El desfile continúa


Tras los seis editoriales y algunas notas anexas firmadas por el miembro bisoño del consejo editorial Ernesto Londoño, el New York Times continúa lo que ya se va convirtiendo en un cada vez más deslucido espectáculo de opiniones sobre lo que debe ser la política del gobierno americano con respecto a Cuba.

Cada semana le resta un tanto de credibilidad al periódico, que usa y manipula gran cantidad de datos, ataca merecidamente algunos programas absurdos del gobierno americano en contra de Cuba (en realidad debieran decir del gobierno cubano) y se limitan a espetar medias verdades, llegando a conclusiones dignas de un editorial del Granma y con una retórica tercermundista que hasta ahora resultaba inimaginable en un diario de su prestigio.

Con el reciente artículo de Victoria Burnett, publicado el 21 de noviembre pasado, en el cual sacan a relucir como novedad opositora a las cartas viejas y marcadas de Roberto Veiga y Lenier González (que conste que digo esto con el mayor respeto, ya que considero a todo aquel que se atreva a emitir opiniones no ortodoxas, por muy permitidas que estén e inofensivas que sean, y a pesar de que yo discrepe de las mismas, como personas que se la están jugando y merecen un mínimo de solidaridad), sus intenciones se aclaran.

Al resaltar lo moderado de la posición de estos señores, quienes además lavan los trapos sucios en público al decir que “los cubanos somos enemigos de la moderación”, obviamente excluyéndose ellos de ese rasgo nacional, y no muy sutilmente subrayar la idea de que “el gobierno debe verse como un adversario y no como un enemigo”, lo que intenta el periódico con sus ataques al embargo, sus elogios de las brigadas médicas, sus ataques a los programas de la USAID y con la atrasada exaltación de los opositores Veiga y González, es propiciar, en la opinión pública, la legitimación del gobierno castrista.

Con esto quieren acercar a Estados Unidos a la posición más reciente de la Unión Europea y presentar como verdad irrebatible que el único camino hacia la democracia en Cuba tiene que pasar por los hermanos Castro y su prole. Esto pudiera tener sentido si no fuera porque los hermanos Castro se han legitimado a si mismos por ya casi 56 años, mediante el ejercicio constante de la represión, cuyos límites manejan a su antojo. Es llamar a establecer un diálogo con alguien que no lo necesita, que solamente quiere comprar tiempo para subsistir sin importarle el bienestar de su pueblo.  

En ausencia de un baño de sangre que nadie desea y que probablemente nunca ocurra, el camino a la democracia en Cuba es probable que sea excesivamente lento y no se puede predecir la calidad del producto  que ofrecerá. De momento, en el plano interior se limita a una paciente toma de posiciones, de establecimiento de cierta presencia en el panorama político y cultural, tanto por opositores como por los miembros de la nomenklatura, hasta que el proceso biológico se haga cargo de los ancianos líderes. Lo mismo sucede con el resto del mundo. Algunas naciones utilizan canales diplomáticos directos e indirectos pero mayormente para obtener alguna concesión económica y con la vista puesta en la sucesión. Presionando un poco, pero no mucho, porque los Castro no responden a presiones. Ellos se guían por el principio dictado entonces por Luis XV o por la Pompadour, ahora por Fidel o por Raúl: “Aprés moi, le déluge”.


Roberto Madrigal

Thursday, November 13, 2014

Otra burla


En días recientes un anónimo tribunal de selección del recién resucitado Salón de la Fama del Béisbol Cubano (al que puso en moratoria por 54 años el mismísimo Lanzador en Jefe), decidió crear el Premio Anual Martín Dihigo para avalar “la obra de toda la vida, con el propósito de reconocer a personas e instituciones asociadas con el béisbol y con aportes notables a su desarrollo a través del tiempo”.

Leído fuera de contexto parece una idea encomiable, pero los humoristas incógnitos, con su politizado, servil y grotesco sentido de la ironía, decidieron conceder el primer premio a Fidel Castro, que no solamente, como todos saben, se encargó de enterrar la historia del béisbol cubano anterior a 1959, de ilegalizar el profesionalismo convencional para crear su propia versión y responsable mayor de todas las barbaridades que se han cometido en el béisbol cubano y contra sus atletas, sino que gratuitamente victimizó y condenó al ostracismo al mismísimo hombre cuyo nombre lleva el premio.

Dihigo, que fue al béisbol lo que Capablanca al ajedrez y Ramón Fonst a la esgrima, era una figura que, a pesar de ser discriminado por su raza, se consideró y todavía se considera como uno de los mejores peloteros de todos los tiempos, una figura de alcance universal en el mundo del deporte, representaba lo mejor de esa pelota que Castro quería hacer olvidar. Desde ese punto de vista, solo por ser lo que fue, sin decir una palabra, se convirtió en un enemigo del sistema, o más bien el sistema lo valoró como enemigo.

A continuación reproduzco un pequeño homenaje que escribí y publique en este blog hace casi tres años.

Martín y Silvio

Fué en la época en que con urgencia se nos trataba de borrar la memoria histórica. Ninguno de mis compañeros de equipo tenía la menor idea de quién era, pero yo había oido hablar de él constantemente desde niño. Lo introdujeron como entrenador del equipo. Tenía el bombacho sucio y raido, parecía venir de un equipo muy viejo. Martín Dihigo se dedicó a entrenar a aquel equipo de adolescentes con una intensidad que nos asustaba. Nos exigía, nos peroraba cada vez que las cosas se hacían mal y nos hacía practicar una y otra vez para corregir los errores. Era incansable e implacable. Un día, jugando yo primera base, se me ocurrió virarle la cara a un tiro que venía de short-bounce y salió del banco gritando “si quieres protegerte la carita ponte un peto y una careta” y me hizo catcher de inmediato, lo cual para un mocoso de 13 años equivalía a la Siberia beisbolera. Así lo sobrevivimos por dos temporadas, en las que parecía que estábamos preparándonos para jugar en las Grandes Ligas y un buen día desapareció y no supimos más de él. Dicen que fue el mejor pelotero de todos los tiempos, pero representaba una época que no compaginaba con los nuevos intereses nacionales. Nunca pudo jugar en las ligas mayores por ser negro, pero se destacó de mala manera en las famosas “ligas negras”, que ahora pienso eran muy superiores a las “Grandes Ligas”. Murió en 1971 y el obituario que salió en el Granma, relegado a una esquinita inferior de la plana deportiva, no tenía ni tres pulgadas. En 1977 fue seleccionado para ingresar al Salón de la Fama de las Grandes Ligas.


A Silvio García lo conocí ya de mayorcito. Con él jugué mucha pala (ese deporte que por entonces sobrepasó en popularidad al fron-tenis o squash, porque como no se conseguían raquetas, si uno se agenciaba de un buen trozo de madera, cualquier carpintero amigo te hacía una pala decente) a mediados de los 70 en las canchas del antiguo Casino Español (nunca me acuerdo del nombre con el cual lo rebautizaron después de 1959, como círculo social). Me asombraba su agilidad, ya que me parecía un viejo, a pesar de que era menor de lo que yo soy ahora. Su intensidad era igual a la que recordaba de Dihigo. Implacable con los errores. Parecía estarse jugando la vida en cada tanto. Silvio fue uno de los mejores torpederos del béisbol cubano y otra estrella de las “ligas negras”, padeciemdo la misma discriminación que Martín y tantos otros. Murió en 1977, el año en que Dihigo entraba en el Salón de la Fama. No tuvo obituario en el Granma. Yo ni me enteré de su muerte hasta hace pocos meses.


Roberto Madrigal